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BELEROFONTE: LA VIDA NADA TE PERDONA

Estoy en una escuela que es como una fortaleza o un castillo, con pasadizos y túneles. Se visualizan aspectos de su interior y vistas panorámicas, como del típico castillo romántico en la montaña y a las afueras del pueblo. También se observa la imagen del supuesto volcán Etna haciendo erupción, visto desde arriba.
De pronto, voy escalando por las paredes exteriores de dicha escuela, utilizando solamente mis manos para sujetarme. Allí me cierra el paso una amiga (C. Ch.) y me hace varios cuestionamientos que intento esquivar. Sé que me está haciendo pruebas psicológicas e intento pasar desapercibido, pero es inútil, me tiene en sus manos. Su veredicto es irrevocable: van por mi y me encierran en un manicomio. La escena es tristísima y lamentable.
Ya en el manicomio, yo intento comportarme y hacer méritos. Enseño musicales a los demás internos y todos cantamos. La escena es harto cómica y terrible, como de película antimusical (Dancer in the dark), con todos los pacientes cantando en el patio, rodeados de áreas verdes. Pero locos.
Trabo, además, un romance con cierta muchachilla. Va por mi una de las autoridades del hospital, que se parece a Elmer gruñón de la Warner Brothers (pero listo). Como tengo una bola de plastilina en las manos, cuando soy llevado intento borrar las posibles huellas de la chica en ella, para no ser descubiertos. En eso, aparece un monstruo humanoide que yo identifico con el Mr. Hyde de R. L. Stevenson. Éste hace estragos en el hospital y yo me le enfrento, para seguir haciendo méritos. Elmer me lo agradece, pero en la atmósfera triste que rodea la escena, se escucha su sentencia final: “LA VIDA NADA TE PERDONA”.
Pasa el tiempo y me vuelo profesor en el manicomio. Doy clases a los demás internos y todo es más reposado, como una calma triste y perenne.

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EL ESCONDITE MACABRO

Todo el sueño es como estar en una película macabra. Es una farsa, literalmente.
Hay una chica perdida y un grupo de muchachos sufre las consecuencias. La buscan desesperadamente y yo la busco por mi cuenta.
Nos llevan a una calle semi abandonada donde está también la muchacha. Nos arrojan leche y sangre, bañándonos. Corremos dispersos. La chica me alcanza en la huida y descubro que fue su padre el que lo planeó todo, y al cual creía muerto, junto a ella (esconderla para hacernos sentir culpables, al encontrarla, arrojarnos sus porquerías.)
La película comienza de nuevo y espíritus chocarreros intentan intimidarme. Yo los reto.

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EL ESCENARIO DEL CRIMEN (EL MAGO)

Camino con Luc. A nuestra derecha vemos una calle de terracería amarilla y le digo que me recuerda mucho  a las calles de mi infancia, porque la mayoría eran así (es un falso recuerdo). Siento una gran nostalgia (!) (?). Llegamos a un lago (igual a la derecha) que de por sí ya es sorprendente. Lo vemos con atención y es una bahía. Creció de lago a Mar con sólo unos pasos de diferencia. El mar se abre a la izquierda del paisaje y en el frente hay una isla o la continuación de la bahía. Hay muchos árboles y la gente disfruta del lugar. Todo esto es extraordinario porque no nos hemos alejado mucho de mi casa. Pienso que podré regresar ahí las veces que quiera con sólo caminar unas horas.
Vemos unas piedras y empezamos a darnos cuenta de que estamos en el escenario de una conmoción reciente. Es la noticia del momento pues lo que ocurrió ahí fue muy grave, al parecer una masacre. Estamos plenamente convencidos de eso y la prueba son las cinco piedras alineadas en columna frente a la vista. Si te agachas y miras las piedras a la altura de tus ojos, con la isla de fondo (es decir, del horizonte abajo las piedras y hacia arriba la media bahía) puedes ver exactamente el mismo ángulo que se ha publicado en los diarios y en la televisión a nivel nacional, sólo que sin la sangre del crimen, sin los cuerpos, sin la policía y sin los reporteros como juramos haberlo visto en los noticiarios (!) (?). El paisaje es doblemente espectacular. Por ser hermoso en sí mismo y por ser el escenario de todas las miradas y el ombligo de la desgracia. La tranquilidad puede ser algo terriblemente abrumadora cuando sabes que es la calma después de la tormenta.
Se hace tarde y tenemos que marcharnos. No es posible que nos alcance la noche en ese lugar apenas conocido. Aunque yo pienso regresar muy pronto…
Al otro día (!) (?) le cuento a M. el grande y fortuito descubrimiento. Le recalco que no nos quedó ninguna duda de haber encontrado sitio tan famoso. Pero se hace noche y tenemos que marcharnos de donde estamos. En ese punto pasan pocas peceras a esa hora, por lo cual decidimos caminar automáticamente en dirección de una base cercana. Me doy cuenta de que cuando estoy sólo no hago eso y pienso tomarlo como un hábito, pues es mejor caminar unas calles y tomar la pecera desde su base a estar esperando tontamente.
Vamos por callejones estrechos. En eso, le fanfarreo a M que yo puedo luchar contra los espíritus, que todo depende del valor del alma pues esas entidades malignas no pueden hacer nada contra el cuerpo. Intento enseñarle y reto al aire a que aparezca alguna. “Baja” una fuerza extraña desde la oscuridad, por encima de una barda, e intenta hacernos daño pero defiendo a mi amigo parándome firme y soportando a la cosa. Su fuerza es mucha y yo siento que abandono mi cuerpo formando un escudo. Llega otra entidad y es mas intensa aún, casi me arrepiento pero salgo bien librado como muralla.
Por si las recochinas moscas preferimos acelerar el paso. He entrado al sueño prelúcido (lo llamo así porque sé que estoy soñando pero sigo en la necia de que hubo una conmoción en esa playa y en la creencia supersticiosa de que hay “espíritus malignos”).
Lo que sigue es un andar y regresar por callejones tortuosos, acompañado de un amigo y a veces de una chica. Levitando por las calles, enfrentando fantasmas o pasando pruebas, como una en donde nos asomamos desde un puente y pasa un río a gran velocidad sobre unas piedras, con un túnel abismal al fondo de su caída. Pues este es un fluir rápido de aguas en descenso, marítimo y fluvial al mismo tiempo, que se va haciendo mas oscuro sobre el horizonte de su abismo. La banda con la que voy me reta a bajar y deslizarme sin que me lleve la corriente. Les digo que no puedo y nadie protesta, pues entienden el peligro, así que nos vamos a retirar. Pero justo en ese momento me imagino que las aguas no son tan rápidas y que puedo hacerlo, e intento recordarme que se trata de un sueño y, aunque no controlo bien las situaciones oníricas y siempre me sale el tiro por la culata, ¡de un salto me aviento al río y me deslizo corriente abajo por sus piedras y sus aguas! Para mi sorpresa no corro ningún peligro, antes bien me acerca (ahora voy caminando-levitando-brincando por una orilla) a una casa muy grande y muy lujosa, en donde encuentro… (…) …, para variar, sigo caminando  contradictoriamente por calles y viendo cosas parecidas a fantasmas y retos.
Visito otra casa más chica, y ahí también… (…) … Doy con un edificio de estilo moderno, muy sólido y solitario, como si estuviera abandonado. Parece que voy a despertar pero me esfuerzo por seguir soñando. No quiero regresar a mi casa porque sé que eso significaría despertar (incluso, en alguna parte del “retorno” a casa me topo con una pared-callejón sin salida y tengo que dar vuelta, ahí es justamente donde empiezo a levitar). Me hago el tonto dando vueltas y más vueltas, levitando, pensando que puedo volar…
En el edificio solitario que mencioné invento que hay una presencia maligna (al parecer no tengo mucha imaginación) y espero a que aparezca. Esto con el maldito pretexto de hacer tiempo y no REGRESAR-DESPERTAR. La presencia sale y es muy amenazante, con lo cual pienso que no es bueno jugar con fuego pero, insisto, es el síndrome de la montaña rusa: cuando estás arriba te  arrepientes y te quieres bajar, y una vez abajo lo primero que quieres es subir de nuevo.
No recuerdo que más necedades hice y deshice en el delirio de grandeza, el caso es que ha sido uno de los sueños que más he disfrutado en todos mis tristes días.

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“ATROPELLADO”

Despierto y mi casa es una combinación de mis dos últimos trabajos. Yo estoy en éste pero no tengo prisa porque me siento dueño del lugar y sin compromisos, porque recuerdo bien que ya no laboro. Estoy en un primer piso, me asomo y veo en la planta baja a mi antiguo jefe… pienso pasar a saludar a los amigos pintores y a Esme.
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Camino por el centro de una ciudad, al parecer México, pero es un tanto diferente, sin embargo, sí hay muchos palacios. Es un día festivo y están cerrando las calles a los vehículos. En un callejón encuentro sobre un puente rústico a dos amigos, J. y A. Llevan apuración y entusiasmo porque tienen que hacer no sé qué cosa con respecto a una exposición que acaban de ver (¿un ensayo?). A. se adelanta (¿atrasa?) y le pregunto a J qué de quién es la exposición, para checarla luego o el trabajo de la artista (creo que se trata de una mujer). Él me mira con mucha confusión y no sabe decirme nada. Me sorprende porque su entusiasmo no corresponde a esa ignorancia, además de que vienen exactamente de ahí. Hay que aclararlo, a veces uno se olvida de los nombres con facilidad, pero en su caso ¡parece haberlo olvidado todo! Llega A, se despiden y se van. Yo empiezo a sospechar que esto es un sueño. Sé que él no sabía nada porque mi psique es la que había inventado el argumento y después no lo resolvió, sacando por medio de una red semántica un nombre de artista cualquiera.
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Estoy en una reserva de artistas en el centro de la ciudad. Dicho refugio no existe, claro. Veo el trabajo de J (¿no se había ido porque tenía algo que hacer?) y de C. Y yo me pongo a trabajar en una escultura que ya lleva tiempo ahí (?). Consiste en placas de poliestireno expandido, de aproximadamente 6 milímetros de grosor cada una, apiladas todas formando una estructura de 1 m o 1 m 1/2  cuadrados. Lo que hago es raspar algunas placas dejándolas en relieve hundido en comparación de otras, en alto o bajo relieve. Trabajo minucioso por los 6 milímetros de grosor que tienen. Cuando quiero darme cuenta ya la estoy tallando de más y prefiero dejarla para continuarla luego…
Camino por el campamento y me encuentro a una vieja amiga vendiendo chatarras (no la recuerdo). Pero se me hace algo triste pues se ve como señora.
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Juego a saltar por el piso, entre las orillas de las banquetas y a no pisar la tierra (en ese tramo están arreglando el piso en una clara compensación de “calles cerradas-pavimento en reparación”). Sé que es un sueño.
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Me voy y sigo por las mismas calles “cerradas”. El ambiente de celebración por ser día festivo se siente más vivo. Voy en descenso y, contradictoriamente, por  el medio de la calle da vuelta un camión grande. Como hace ya rato me dí cuenta de que estoy soñando me aviento al curso del camión para ver qué pasa con la imagen onírica, sabiendo que no corro el menor riesgo (Ja). Predeciblemente el camión no me atropella, sino que se estrella con un auto rojo que ha aparecido milagrosamente a una orilla (el camión también cambio su trayectoria mágicamente, es decir que todo su enorme cuerpo fue transportado más a la orilla en lugar del centro de la calle por donde iba). Detrás de éste viene todo el tráfico y a mí no me da maldita la gana de moverme del centro. Me voy caminando con todos los autos atrás de mi…
En eso aparece a gran velocidad una camioneta de la policía y me empuja por la espalda llevándome pegado a su defensa en una travesía a la vez amenazante y maravillosa. Veo las calles que pasan, el camino delante de mí, el viento pegandome en la cara, y todo eso con una rapidez increible…
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(Parasomnia; y me duermo a propósito)
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En una casa con la puerta abierta sacan una mesita y me acerco. Es un señor con su esposa en el juego de la bolita. Él empieza de merolico y me quedo de chismoso. Su esposa continúa con la perorata y ya no le vuelve a ceder la palabra al marido. Mágicamente aparece un grupo de curiosos y yo distingo entre ellos al palero o la rata que bolseará a los despistados. Como me doy cuenta de que se trata del güero atrás de mí y todos se re pegan, decido salirme de la chusma mientras pueda. Me alejo por un callejón cerciorándome de que nadie me siga. Y cuando ya estoy tranquilo sale un señor para asaltarme, persiguiéndome a gran velocidad. (Estoy lúcido pero corro por si las re cochinas dudas)

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VOCES EN EL BOSQUE

Regreso caminando con un grupo de personas junto a un bosque (a nuestra izquierda). Una muchacha bonita va conmigo. Tenemos planeado ir a acampar pronto.
Del bosque provienen voces aterradoras y todos las escuchamos, también parecen una exhalación de vapores. No son totalmente claras, son como rumores del viento… pero si pones atención se vuelven inteligibles. Las voces dicen algo así como “no entren” “no vengan” y son muy amenazantes.
El grupo que va conmigo decide no darle permiso a la muchacha de ir al bosque y promueven la alarma general y prohibición absoluta de ir a la montaña.
Ponen un cercado policíaco y yo lo rebaso. He tomado la decisión de enfrentarme a los espectros del bosque, aunque debo de aceptar que voy con miedo y no sé lo que me voy a encontrar.
Voy como un NIÑO (literalmente) y un policía corre detrás de mí para impedírmelo. Todos quieren que me alcance por mi propia seguridad y él parece que lo va a conseguir porque yo soy muy chico y no corro tan rápido como un adulto. La escena es dramática, le llevaba ventaja en un principio porque rebasé las vallas y tardaron en reaccionar, pero como ya he dicho, está por alcanzarme. En ese momento cobro cierta lucidez e imagino que puedo ir más rápido, y como eso no es suficiente, imagino que el policía, como es algo viejo, pronto se cansará y yo me saldré con la mía.
Así parece, pues le vuelvo a ganar ventaja. Y el bosque está esperándome.

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ESPÍRITU CHOCARRERO Y “PROYECCIÓN ASTRAL”

Es de mañana y me voy a levantar pero en eso una fuerza me jala hacia el piso y me caigo de la cama, me arrastra de los pies a gran velocidad y, como estoy lúcido, al mismo tiempo de asustarme intento ver hasta dónde me lleva, pues creo que atravesaremos la pared del cuarto. Pero al llegar a la puerta mágicamente aparezco nuevamente en mi cama, en la misma posición del principio. Ver alejarme de la cama a gran velocidad fue una escena muy vivida.
Al estar nuevamente en la cama pienso que ya todo pasó. Intento calmarme y me dispongo a, ahora si, levantarme. Pero percibo que en mi cuarto continúa “la presencia” maligna, lo cual es curioso porque sigo perfectamente lúcido y escucho con claridad a mi familia hablando en la sala (corroboré esto cuando todo pasó: en toda la pesadilla nunca dejé de escucharlos y no varió en nada cuando realmente desperté). La energía negativa me vuelve a jalar hacia el piso lentamente, y una vez en este vuelve a llevarme de los pies pero ahora a mayor velocidad, incluso pienso que me va a sacar volando. Pero no es así, como en la vez anterior me vuelve a rebotar a la cama mágicamente, aunque esta vez fue más intenso y casi puedo decir que estuve en la sala, atravesando la pared.
En mi cuarto aparece en la pesadilla otra cama además de la mía. Lo cual es una prueba de que todo fue una ilusión angustiosa (ver comentario). Como apenas alcanzo a moverme, con lo poco que cuento comienzo a retar a la entelequia: con la mano le hago las dos señales por excelencia en el mundo de las groserías (las que aluden al pene y los testículos); aquí el sueño se torna chusco, sabemos que la payasada es una forma disimulada de la angustia. Yo estoy en una cama y el “espíritu” en la otra, después intercambiamos por “tele transportación” y la presencia comienza a aventarme cosas. Tomo un papel arrugado en bola de entre los proyectiles y le regreso el golpe. Aparezco nuevamente en mi cama por el mismo efecto y quedo en expectativa, pues mi enemigo es invisible. En eso la bola de papel comienza a moverse y me la avienta nuevamente de la nada, la tomo y respondo. Él ataca pero su tiro ahora es muy débil y n o alcanza a llegar a mi cama. Cae al suelo y me burlo, todo esto parece un juego pero la angustia no desaparece. Estiro la mano para tomar el papel debajo de mi cama pero ya no está arrugado, es plano. Lo hago bola para aventárselo al enemigo/amigo, pero para mi sorpresa el proyectil en el aire no va arrugado sino que se ha convertido en una pirámide de base triangular, y en la otra cama han aparecido formadas en columna cinco figuras geométricas hechas de papel. Su estatismo es sorprendentemente tranquilizador. Voy despertando, pero como todo este tiempo he estado lúcido, intento memorizar las figuras mirándolas fijamente hasta que se desvanecen.

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ASESINATO Y ARADO GIGANTE

Estoy en una casa ajena. Hay mucha gente por doquier y ésta es muy grande. Entro a un baño y hay otro hombre ahí. Abren la puerta violentamente y le disparan a éste, matándolo. Yo quedo escondido involuntariamente entre la puerta y la pared, en un muy reducido espacio. Me quedo estático para que no se den cuenta que estoy ahí y me maten a mi también. Se ve una mano con la pistola del crimen, se aleja lentamente cerciorándose de que no hay testigos y cerrando la puerta tras de sí.
Salgo de prisa y hay tensión entre la gente. Yo pienso testificar cuando llegue la policía. Mientras tanto, salgo con dos amigas a dar un paseo en lo que se calman las cosas. Ellas caminan muy rápido y parecen no esperarme. Me enojo un poco y  apresuro la marcha, como voy por la banqueta izquierda y ellas por la derecha, las rebaso. Vamos de bajada por un camino de terracería, parece que estamos en un pueblo. De pronto, ya me aleje mucho y camino sólo. El paisaje se vuelve borroso y entro al sueño lúcido, me doy cuenta que se ha vuelto así porque ahora soy yo el que tiene que imaginar la vista. Me preocupo de la escasez visual de mi imaginación y decido ponerme a volar para experimentar. Me cuesta muchísimo trabajo desprenderme del suelo, doy apenas un ligero flotamiento pero no llego muy lejos. Una voz muy explicita me dice: no estás preparado.
(PARASOMNIA)
Estoy en un campo de cultivo. Aparece un arado de discos gigante y empieza a arar muy violentamente. Sus discos son más grandes que yo y todo lo cortan a su paso. Estoy lúcido y recuerdo lo que había leído en el día en una estúpida página dedicada a los sueños: las apariciones son inocuas. Por sentido común entiendo que ese arado es inofensivo, así que sigo caminando pero sin perderle la vista, ya que no obstante es muy angustiante. Doblo por una barda y el arado sigue amenazante, cubre todo el campo velozmente y pasa rozándome constantemente. Pienso en qué se sentiría si me cortara en pedacitos aunque se trate de una ilusión onírica.

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RUEDA MALDITA

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Flota una rueda brillante frente a mí y me revelo, aunque aterrorizado la sigo viendo a ver quién se cansa primero, si esta de intimidarme o yo de retarla. Al principio sólo la veo sentado desde mi cama, después esta me jala y me hace salir de  ella, hasta los pies de esta. La rueda es fosforescente y gira, no es plana sino tridimensional. Estoy asustado pero a la espera de ver con qué sale, sin embargo la rueda no tiene imaginación porque no pasa nada más.

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ENTELEQUIA

Durante el sueño “escucho”, como si se tratara de una transmisión radiofónica, cierto relato en el que se avisa (muy vagamente) que si dejas parte de tu cuerpo sin tapar cuando duermes, esto atrae espíritus malignos. Me doy cuenta de que duermo con mi pierna derecha expuesta y en vez de taparla la muevo para que quede colgando en mi cama, como una ofrenda o sacrificio en la oscuridad. Esto lo hago como una provocación. Siento la presencia de algo “maldito” en mi cuarto y quiero que aparezca. La angustia de espera es la sensación de que algo horrible va a ocurrir, aunque no se sepa ni cómo ni cuándo, y es lo que mejor describe esta situación. Con la pierna al aire sólo espero la reacción del ente maldito, no sé si ha de jalarme o morderme o si actuará sigilosamente. Pero como no hace nada es más horrible la espera y la sensación de su presencia invisible. Esto, hasta que ya muy asustado dejo de retarlo y me cubro con las cobijas.

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FRANCOTIRADOR (VIAJERO DEL TIEMPO )

Estoy en un pueblo rustico, con un aire muy antiguo y pintoresco, con su placita publica y casas y edificios medievales. En suma, estoy en otro tiempo, pero soy un viajero del tiempo pues creo que llegué ahí con cierto artificio y propósito.
Soy otro hombre, muy distinto al de la realidad, y desconozco mis motivaciones. Porto un rifle.
En la plaza pública cuelga un hombre, y hay soldados o custodios dispersados por el pueblo. Es de tarde. En eso, tomo mi arma y apunto al hombre colgado y le disparo, matándolo (es absurdo, si estaba colgado, ¿no tendría que estar en suplicio o muerto?). A continuación empiezo a dispararles a los oficiales. Ellos tardan en percatarse pues mis disparos son silenciosos y ellos están dispersos. De ese modo continúo buscándolos entre la población del lugar para seguir eliminándolos. Es hasta después de un rato que siembran la alarma y comienzan a buscar al responsable.
Me sorprenden y tengo que huir, pero de vez en cuando volteo y sigo matando a unos cuantos. En parte porque es lo que venía haciendo y en parte para que no puedan alcanzarme. Ellos ahora traen armas también y me disparan, pero sus rifles son muy anticuados en comparación con el que yo porto.
En la persecución huyo hacia una zona herbosa y sigo la escena “desde afuera”, como si todos fueran muy pequeñitos. Mi imaginación, a voluntad, hace que la zona herbosa se convierta en un bosque, pues considero que así será más realista y misterioso el asunto (me doy cuenta de que estoy fantaseando y así lo expreso también al reacomodar a voluntad el refugio abajo descrito).
Bajo por una pendiente a toda velocidad, y temo ser alcanzado pues ellos me persiguen montando a caballo. Así que me detengo por un momento para eliminar a mis perseguidores. Ahora se ha vuelto de noche y eso es algo a mi favor: mi tecnología me permite portar un visor que visualiza al enemigo en la oscuridad y lo vuelve brillante por la temperatura de sus cuerpos: verde fosforescente, como en la película “Depredador”. Ellos, por supuesto, andan a ciegas.
El enemigo se dispersa para peinar la zona y encontrarme, me han perdido, y yo aprovecho para sacarles distancia. Con todo, de vez en cuando todavía me doy el lujo de voltear para dispararles. Aunque apuntarles se vuelve cada vez más complejo.
Llego a un refugio diseñado por mí bajo la tierra, y camuflado con hojas del lugar. Me escondo en él para pasar ahí la noche. Este refugio esta bastante bien acondicionado así que no me preocupo. Además tiene una mirilla para observar muy discretamente lo que ocurre afuera. De aquí en adelante fantaseo constantemente por mejorar las capacidades del refugio y volverlo cada vez más seguro. Estoy en el vientre de la ballena, en su forma benigna.
Transcurre la noche (así lo creo) y decido salir para seguir eliminando al enemigo. Esta muy oscuro y voy con mucha cautela, girando la vista en 365 grados para no ser sorprendido. Los localizo montando guardia y los voy eliminando poco a poco. En eso, un nuevo grupo de guardias me ha descubierto y comienza una nueva persecución, ahora más de cerca y en perjuicio de mi persona.  Siento peligro. El refugio se ha quedado atrás y no puedo llegar a él, además tomo otra dirección con el propósito de no comprometer mi guarida. Llego a una zona poblada y me les he escapado nuevamente. Después regreso al refugio, aseguro mi arma y me cambio de ropa para regresar al pueblo donde empezó todo.
(No recuerdo en qué momento del sueño intento convencerme de que en vez de dispararle al ahorcado le estaba disparando a la soga para liberarlo. Pero esto es solamente una fantasía tardía dentro del sueño, porque yo mismo sé que no fue así)
Cuando voy llegando algunos oficiales, nerviosos, me ven, pero como soy una persona respetada e influyente en el lugar no pueden inspeccionarme. Llego a una casa grande junto al bosque (pero ya parte del pueblo) en donde una chica linda sale a recibirme y un hombre que al parecer es el jefe de los guardias. Ellos están enterados de lo que ha pasado pero no sospechan que yo soy el causante del alboroto. Esta última escena transcurre rodeado de oficiales y yo pienso que en cuanto pueda he de regresar por mi rifle para continuar el exterminio.

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