Posts Tagged Megalomanía

El club de la pelea

Estoy de visita en una enorme feria de arte contemporáneo. Mucha gente se ha congregado y esperan los resultados de los ganadores de los primeros lugares (al mismo tiempo es también un concurso). Al recorrerla, voy al mismo tiempo peleando con algunos desconocidos con los que me cruzo en el lugar. Según esto, pertenecemos a una especie de club de pelea según el cual cada vez que nos encontramos debemos pelear. Recuerdo enfrentarme a un tipo bastante grande y musculoso, y para ello fantaseo que soy un experto en artes marciales y de pronto, con extrema ridiculez, lanzo gritos a la manera de Bruce Lee al tiempo en que estoy lanzando mis golpes…
Más adelante, en la misma feria, encuentro a Rob y Eb… y ya después me adelanto al frente de la multitud para escuchar el veredicto de los jueces. Anuncian a los ganadores y me recrimino a mí mismo por mi decidida, al no concursar o intentar sobresalir en la feria.
Todos se dispersan y yo también estoy por retirarme. La representación de los escenarios es extremadamente realista y convincente, como si realmente me estuviera desplazando por un lugar existente.

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Y RESUCITÓ AL TERCER EMPUJÓN

Frente a mi casa ha aparecido de súbito un edificio harto parecido al Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México. Yo lo miro desde un costado. Al principio creía que se trataba del edificio referido, pero pronto me di cuenta de que era más pequeño y con algunas diferencias, llegando a la conclusión de que se trataba de una replica. Esta construcción tiene varias funciones, es casa y hotel, parque de diversiones y centro comercial. Mucha gente entra y sale del lugar.
Yo, que estoy acompañado, soy notificado de que hay cierta atracción consistente en una cripta subterránea con el cuerpo del Cristo. Por morbo me dirijo hacia esta. Descendemos por unas escaleras de piedra en penumbra. Al llegar contemplo una escultura muy realista del Cristo recostado en su tumba, con su mortaja y, extraordinariamente, con su corona de espinas en la cabeza. Los compañeros con los que voy comienzan a burlarse del maniquí, levantándole la cabeza y las piernas alternativamente, sacándole la corona y el sudario. Yo, por mi ateísmo, observo la escena sin mucho interés, sin reclamarles sus acciones que me parecen infantiles. Pero al observar su rostro excesivamente expresivo, empieza a invadirme una compasión extraña, hasta el momento en que la figura, que parece estar con vida, ¡abre los ojos lentamente y me observa, para expresar al mismo tiempo que dejen de lastimarlo!
Aterrados salimos todos corriendo, atropellándonos al subir por las escaleras de piedra. Yo voy con confianza y libre de conciencia, pues además supongo que si llegara a existir ser tal, este debería estar lleno de bondad, como se nos ha hecho creer siempre. Al momento de ir corriendo pienso en lo curioso del sueño, convertido súbitamente en pesadilla. Pienso, también, cómo es que yo he tenido un sueño con dicha temática. No por mucho tiempo, pues al momento ya estoy bastante lúcido y despierto.
Al estar en mi cama pensando en estas curiosidades soy sorprendido por un repentino estremecimiento que me paraliza por unos segundos, con el particular zumbido en los oídos de una típica alucinación hipnopómpica. Esto es extremadamente molesto, pues no cabe la menor duda de que estoy despierto. Una curiosa somatización de la angustia provocada por la culpa, tan difundida por las creencias cristianas.

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EL SEÑOR DE LAS MOSCAS

Estoy en una casa lujosa en extremo. En una zona residencial muy mamona. Al parecer, soy de confianza del dueño. Este singular personaje es sinceramente altruista y desinteresado. Ayuda a la comunidad vecina y particularmente a los niños, que mal le agradecen, por cierto. Todo el sueño es angustiante (él no podría ayudar a su propia comunidad, pues ahí todos son ricos).
En ese momento, él construye unas estatuas para que los niños jueguen en ellas. Yo estoy con sus hijas, pero las abandono en el momento en que se da la noticia de que el señor es atacado por la muchedumbre de niños, que no dejan de morderlo. Voy en su ayuda, pero al cruzar unas grandes avenidas casi soy atropellado por los autos que pasan a gran velocidad. Y tengo que cruzar varias de ellas, corriendo como loco al través de los autos. Al llegar contemplo la horrible escena de los niños mordisqueando el cuerpo de mi “mecenas”. Ellos están locos. Uno de ellos argumenta que están así por algo que les dio a comer el señor, pero yo sé que mienten.
Entre tanto, se entremezclan varias escenas. Unos luchadores mexicanos combaten en un ring a media calle. Yo soy uno de ellos y también le hago al teatro de faramalla (como sea es un respiro en el sueño, en donde parece que disminuyó un tanto la ansiedad). Después, resulta que no he llegado todavía con el señor (esto es ilógico, pues ya había llegado). Y en mi carrera por alcanzarlo soy “acompañado” por dinosaurios marítimos, como plesiosaurios. Las avenidas son ríos y yo voy deslizándome, que no nadando, por ellas. Estos curiosos animales son supuestamente amigables, pero al irme acompañado, cual si fueran delfines, se amontonan tantos junto a mi que me asfixian, impidiéndome respirar y hundiéndome al mismo tiempo en el agua. Sus cuerpos se me acercan de tal manera que puedo verlos con claridad. Son reptiles con la cara desencajada, como si se rieran o estuvieran locos, sin saber que me hacen daño cuando intentan acompañarme, tienen cuellos largos y aletas, y lo peor de todo es que cada vez se nos unen más de ellos. Visualizo, además, otros dinosaurios a los alrededores, pero estos son amenazantes (si ya se había visto que los amigables me hacían daño, cómo serían estos si me alcanzaran).

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CUENTO DE NAVIDAD CON PAYASOS

Al interior de una casa grande de varios pisos, muy lujosa. Con un boxeador ciego que escucha sentado frente al televisor… En realidad seríamos tres los boxeadores que practicamos juntos, el que es el dueño de la casa, ausente, mi compañero invidente y yo. Curioseo por la casa y por las ventanas, con vista a un parque muy bonito. Pienso en dos cosas: 1) la destreza de mi amigo invidente al momento de boxear con nosotros y 2) que me gustaría tener una casa como la de mi otro amigo, que nunca aparece en escena.
En el exterior. En el patio de  la Esmeralda (escuela de artes). Es de mañana muy temprano. Esperamos una junta de aviso sobre el proceso de titulación. En el sueño ya tengo todo listo para tramitar mi examen profesional, pero me distraigo con una especie de kermés y voy a probar antojitos. Se me pasa el tiempo y cuando ya me voy recuerdo la junta. Han pasado horas y ya debió terminar. Me recrimino mi distracción, pues la junta era importante y yo tenía algunas dudas. Pienso resolverlas ese mismo día, preguntando, aunque tenga que quedarme tarde.
Dos payasos hacen de mis fantasmas como en “Cuento de Navidad”, de C. Dickens. Me muestran el futuro y su forma de deshacerse de las personas indeseables para mí no cambia a través del tiempo: con unos grandes martillos como de plástico los aplastan. Esto, que parecería terrible en la realidad, en el sueño tiene un carácter estrictamente chusco, ya que no deja de ser un símbolo y la forma en que lo hacen los payasos da honor a su profesión.

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NIÑO DE DÍA Y HOMBRE POR LA NOCHE

Estoy con mi hermano Armando. Nos subimos a un puente que están construyendo y le digo que ESTÁ BIEN SER NIÑO DURANTE EL DÍA PERO POR LA NOCHE HAY QUE SER HOMBRES (lo digo en un sentido filosófico de maduración, no en un sentido libidinoso).
En una escuela de artes transito por los salones. Atravieso una calle y llego a otra sección de la escuela en donde da clases Rosario. Platico con sus alumnas. En un momento dado se crea gran expectativa por cierta instalación que están haciendo los alumnos de mi hermano, dirigidos por él (en realidad el proyecto parece ser suyo). Vamos y nos asomamos desde unos grandes ventanales para ver la pieza, que es muy grande y está hecha para verse de un edificio a otro de la escuela (ya había dicho que ésta se dividía en dos cruzando una calle). Para esto ambos edificios son de grandes ventanales, y la pieza consiste en una superposición de varillas y/o astas que hacen juegos de repetición de módulos y que interactúan bastante bien con el lugar.
Todos están muy emocionados, pero en el momento menos oportuno llegan unas autoridades del gobierno de ese lugar (¿Texcoco? ¿¿¿???) para censurar la obra. La polémica es fuerte y yo particularmente me les aviento con las garras, defendiendo a todo pulmón la instalación (hasta ni articulo bien mis palabras y me doy cuenta de ello).
La cosa se extiende y nos dirigimos a sus oficinas ubicadas en otro edificio distante del que nos encontramos. Las calles son muy bonitas, por cierto, rusticas como de pueblo del Estado de México. Allí vuelvo a llamar la atención por aperrarme a nuestros derechos (Ja, hay que recordar que la pieza ni es mía y ni siquiera soy colaborador pero ando de metiche). Ellos intentan ser diplomáticos pero no saben explicar que es lo que está mal en la pieza. Mi hermano, a su vez, dialoga con ellos de manera menos arrebatada que yo. Nos ponen muchos peros, que si hay que quitarle esto, ponerle esto otro. Pero a la verdad terminamos ganando, pues no hay nada malo en la pieza. la escena es algo cómica, en el edificio en cuestión estamos todos en bola y dispersos de repente entre las instalaciones, que por cierto, también tienen una escultura en su centro al interior del edificio, muy parecida a la que mi hermano está instalando, como si yo la visualizara proyectándola en ese lugar.
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Disponiéndonos a regresar el argumento cambia de sentido, ni siquiera estoy seguro de que sea el mismo sueño o dos seguidos: somos viajantes de una excursión guiada por mi hermano. Somos hartos, entre sus estudiantes, mi mamá (que hasta entonces no había aparecido), una prima invitada por mi hermano, otros maestros, y otros adultos parientes que no reconozco. La situación es muy confusa para abordar los diferentes autobuses que nos llevarán de regreso. Yo ando en la lela. No sé si regresarme sólo o esperar a que me asignen un lugar. En eso, voy caminando, pues me gusta ver las calles del lugar (¿Texcoco?). Cuando ya todos abordaron su autobús, mi hermano, mi prima y yo nos dirigimos al que nos corresponde. (Hay una pausa misteriosa en la que entro a cierto espacio reducido con otras personas, haciendo un pendiente antes de irnos, pero lamentablemente no recuerdo la naturaleza de ésta escena).
En nuestro autobús mi hermano conduce. Yo, no recuerdo porqué poco a poco voy enojándome. Llegamos bien rápido a nuestro destino, ya más cerca de mi casa. En ese lugar quedaron de verse todos los camiones con los estudiantes a bordo. Al bajar observo cómo llegan todos sanos y a salvo, pero por un perverso malentendido los padres de familia están angustiadísimos pues los esperaban tres horas antes, de hecho son bien poquitos los que nos esperan, todos los demás (la gran mayoría) se han ido a buscar a sus hijos (¿a dónde?).
Caminando por ese lugar voy con un primo (¿no era una prima?). Hacemos memoria y yo creo recordar que ahí es a donde siempre llegábamos cuando regresábamos de ¿Texcoco? cuando éramos niños. Él me dice que así era con él, pero que no se acuerda de mí con ellos, hasta que “hace memoria”. El dichoso lugar es un callejón rojo muy prolongado y quebrado, parecido al callejón del diablo en Mixcoac, pero más apretado y extendido, en rojo, como he dicho. Por ahí cruzo dos veces (corrección onírica: me hago pasar dos veces por ahí con el único sentido de decirle a mi primo que recuerdo ese lugar, cuando en realidad se trata de un falso recuerdo).
Ya estoy encabronado y me quiero regresar, pero mi hermano insiste en seguir ahí. Los concurrentes empiezan a marcharse a sus respectivas casas. Yo sigo caminando con mi hermano y mi prima, que parece admirarlo demasiado. De pronto, voy solo con ella y aprovecho para hacerme el desentendido. Me despido de ella, que queda extrañadísima por mi comportamiento. Me pregunta si no voy a esperar a mi hermano y le digo que no, que yo ya me voy. Y así sin más, me retiro.
Abordo una combi y allí va mi mamá también. Poco antes de llegar a mi casa ella se despide y se baja, ahora el confundido soy yo, pues tardo en recordar que ella vive aparte… Lamento haber hecho mi berrinche y dejar a mi hermano atrás. Como se ha visto en éste sueño me comporto como un niño, HABRÁ QUE ESPERAR QUE LLEGUE MI NOCHE…
Un sueño larguísimo que atraviesa por las tres emociones básicas de los sueños: EXALTACIÓN, IRA y ANGUSTIA.

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HÉROES Y RATONES

Aficionados al robo y canoa de soldados (escena misteriosa y borrosa). Se suceden varios culpables y héroes al mismo tiempo al interior de una casa de varios pisos. Cuando creemos que ya se resolvió el asunto de los múltiples robos, empezamos a retirarnos. Descubro oculta a una mujer con su hijito que pensaba quedarse ahí para pasar la noche. Me pide que no la delate pues no tiene dónde quedarse, pero yo sé que piensa robar, así como ha pasado todo este tiempo en donde los que primero son los héroes después son los ratones. No la delato y me quedo también (ceb).
(No recuerdo si en algún momento yo también fui de las ratas, sólo me recuerdo vagamente subiendo y bajando por un orificio en el piso-techo de la casa, intrépidamente buscando culpables)

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PINTAR ENTRE TERREMOTOS

Junto a unos amigos de la carrera (artes visuales) les vamos a ayudar a unos chicos de teatro a pintar una manta escenográfica. Tomamos unos pinceles pero están contaminados de pintura fresca (¿o es que ya los estábamos utilizando?). En un patio en el que estamos hay charquitos de agua. Veo como mis compañeros lavan sus pinceles ahí y hago lo mismo, pero en el momento en que remojo los míos me percato de que esa agua encharcada tiene peces de colores muy bonitos. Con lo cual creo que no fue bueno lavar los pinceles ahí.
Ahora estamos en un espacio interior y yo discuto con un señor sobre las medidas verticales en la proporción de las cinco figuras a pintar en las mantas. Yo creo que tengo razón y que como él lo está haciendo no van a caber o no se verán proporcionalmente bien, pero él es algo necio. En eso estamos cuando un fuerte temblor hace presencia y todos empiezan a salir. Yo aprovecho para seguir discutiendo y hacer las cosas como yo quiero, hasta que el movimiento de la estructura es insoportable y tengo que salir también, para no quedar aplastado si el edificio cayera.
Ya en el patio encuentro a Esau, y una de sus amigas llega borracha (Ceb). El patio en este momento no es del todo al aire libre, como en la primera escena de los charquitos de agua con peces, sino que tiene unas estructuras de metal a manera de vigas sobre el techo, que cruzan varios metros arriba de donde nos encontramos. El temblor para y estamos a la expectativa. De pronto, una replica llega y yo sigo viendo el peligro de las vigas, si se nos vinieran encima. Llega Eblem y me dice que los guantes que estamos utilizando están sucios y hay que desinfectarlos (¡para qué diablos necesitamos guantes para pintar!). Nos dirigimos a un edificio a la izquierda de la explanada y allí encontramos a una chica pintora que está muy apurada trazando las cinco figuras de la manta, más preocupada por las proporciones horizontales que las verticales, ya resueltas. Le pregunto que si no salió al patio cuando temblaba y me dice que no, que prefirió quedarse a trazar los dibujos… me sorprende su valor anteponiendo la chamba al peligro. Además creo que lo hace muy bien y no le critico nada, como al señor de las proporciones verticales. Con ella platicamos lo fuerte de los temblores que acaban de pasar y cómo todo se movía. Al recordar, pareciera como si todo se moviera de nuevo con la evocación. Es impresionante el recuerdo dentro del sueño.
Salimos nuevamente. El patio ahora se encuentra en un gran cerro. El escenario se compone de una explanada con dos grandes edificios a izquierda y derecha. Intento ver a la gente que estaba en el patio por los temblores pero solamente veo en una pendiente algunos árboles pelones (solamente troncos). En ese momento pienso marcarle a mi mamá más tarde para decirle que estoy bien y preguntarle por ella. La razón de hacerlo mas tarde es porque creo que las comunicaciones estarán bloqueadas por un buen rato como pasa en esas ocasiones.
Nos dirigimos hacia el edificio a la derecha. En la entrada hay un árbol impresionantemente colorido y reluciente, a diferencia de los que acabo de ver. Completamente surrealista, pues en la realidad no hay árboles así que yo sepa. Ya adentro me llama la atención lo lujoso de la arquitectura y los muebles. Una chica fresa y guapa sale por nosotros para darnos una visita guiada por el lugar (Ceb.). Nos lleva por un tubo en donde vamos jugando y payaseando a que nos caemos y nos damos la mano para “salvarnos” (particularmente ella hace como que resbala y cae y yo la ayudo, pero sólo estamos jugando). A un lado del tubo parece haber agua. Al final de éste llegan unos niños a rodearnos y la chica les da unos ladrillos como premio. Son mis cinco minutos de fama, pues en el momento de la entrega me balanceo con todo el cuerpo haciendo reír a todos con mi bobada (!!!). Es muy divertido lo poco que me tomo en serio en ese momento, lo más destacable de mi sueño y de mi historia onírica en general. ¡WWWWWOWWWWWW!!!

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LA LIGA EXTRAORDINARIA

Formo parte de una banda mixta, en donde todos son muy hábiles en el manejo de armas y artes marciales. Yo comando, pero en realidad soy otra persona (SOMBRA-álter EGO).
Luchamos contra una corporación mundial que controla a las personas. Ellos son los “buenos” y nosotros los “malos”. El primer gran golpe lo dan ellos y nos dispersan. Parece que perdimos pero vamos por la revancha. Mi principal objetivo es matar a su jefe.
Como si tuviéramos un plan preconcebido si ocurría tal golpe en el grupo, sabemos en qué punto reunirnos para reincorporarnos. Es bajo un puente vehicular. Allí nos lleva un taxi (a una parte de nosotros) y nos encontramos con los demás. No todos llegamos y creemos que no todos sobrevivimos o estamos libres. El caso es que desde allí nos vamos a colar a su base de control (una fortaleza inmensa) para exterminarlos. En todo momento somos conscientes que tal empresa es suicida, porque somos muy pocos en comparación de ellos. De por sí entrar ya va a estar muy cañón, y acabar con ellos otro tanto. La dicha fortaleza esta sobre el relieve de una grandes montañas boscosas, pero es al mismo tiempo un  sitio muy urbanizado. En donde estamos es el cruce de grandes puentes vehiculares y por debajo de uno de ellos nos colamos, evitando las alarmas, de las cuales conocemos previamente su ubicación.
Entramos y nos dispersamos, cada quien abarcando un sector. Básicamente lo que hacemos es movernos rápido por las instalaciones, desarmando al enemigo, matándolos a aspadazos. Y dejando inconscientes a los civiles con un toque rápido a la yugular. El desplazamiento tiene que ser a supervelocidad para que no les de tiempo de escapar o activar una alarma que nos delataría. Y también hay que esconder los cuerpos para ocultar las evidencias. Así vamos por diferentes salones, subiendo escaleras y atravesando pasillos. Espada para los malosos y movimiento marcial para los civiles, como he dicho. Estos están en nuestra contra y no saben que intentamos ayudarlos a salir de su alienación. En momentos tenemos que escondernos debajo de una reja o en la sombra. Somos muy sigilosos, como ninjas.
No encontramos al jefe enemigo y tenemos el plan de reintegrarnos en el bosque como guarida. En donde sería muy difícil para ellos luchar contra nosotros. Entre el escondite y el ataque cambio de tamaño en más de una ocasión, haciéndome pequeñito. Pero cada vez que soy como muñeco me recuerdo hacerme grande de nuevo para poder pelear. Hacerse pequeñito sirve para esconderse, pero al momento de pelear estaría invulnerable. Ando también por patios externos, entrando y saliendo de los edificios diferentes de la fortaleza. En éste momento la cosa se vuelve peligrosa, pues hemos sido descubiertos. Observo a una de mis compañeras que ha sido atrapada. Me angustia demasiado el hecho de que será torturada, pero por el momento no puedo rescatarla. Su cara parece algo envejecida, con lo cual me cuestiono cómo es que anda en esos trances tan peligrosos con nosotros. Pero lo adjudico a su experiencia en las artes de la lucha, en donde vale más maña que fuerza. De cualquier forma su rostro me genera angustia, porque sé que sufrirá en manos del enemigo, que es cruel. Y ella es muy expresiva cuando se la están llevando en sus redes. Además, todo el grupo es como si fuera un mismo ser, lo que le pasa a uno nos pasa a todos. Yo como jefe, soy responsable de su vida.
Salgo a otro de los patios, que es ahora un mar, y pienso que lo mejor que le podría pasar es que la mataran, antes que la tortura. En no sé que “vehiculo” me trepo para alejarme y tomar fuerzas, contar las bajas y reagruparme con mis compañeros. La idea del bosque como refugio me obsesiona, pero nunca llego a este.
Me voy sobre el mar pero ya quiero regresar a partirles su mandarina en gajos a esos desgraciados. En la primer lucha fuimos derrotados, en la segunda (que es la historia del sueño) fue empate, pero falta la última incursión, con ellos debilitados. Como quien dice, el que ríe al último ríe mejor…

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EL ESCENARIO DEL CRIMEN (EL MAGO)

Camino con Luc. A nuestra derecha vemos una calle de terracería amarilla y le digo que me recuerda mucho  a las calles de mi infancia, porque la mayoría eran así (es un falso recuerdo). Siento una gran nostalgia (!) (?). Llegamos a un lago (igual a la derecha) que de por sí ya es sorprendente. Lo vemos con atención y es una bahía. Creció de lago a Mar con sólo unos pasos de diferencia. El mar se abre a la izquierda del paisaje y en el frente hay una isla o la continuación de la bahía. Hay muchos árboles y la gente disfruta del lugar. Todo esto es extraordinario porque no nos hemos alejado mucho de mi casa. Pienso que podré regresar ahí las veces que quiera con sólo caminar unas horas.
Vemos unas piedras y empezamos a darnos cuenta de que estamos en el escenario de una conmoción reciente. Es la noticia del momento pues lo que ocurrió ahí fue muy grave, al parecer una masacre. Estamos plenamente convencidos de eso y la prueba son las cinco piedras alineadas en columna frente a la vista. Si te agachas y miras las piedras a la altura de tus ojos, con la isla de fondo (es decir, del horizonte abajo las piedras y hacia arriba la media bahía) puedes ver exactamente el mismo ángulo que se ha publicado en los diarios y en la televisión a nivel nacional, sólo que sin la sangre del crimen, sin los cuerpos, sin la policía y sin los reporteros como juramos haberlo visto en los noticiarios (!) (?). El paisaje es doblemente espectacular. Por ser hermoso en sí mismo y por ser el escenario de todas las miradas y el ombligo de la desgracia. La tranquilidad puede ser algo terriblemente abrumadora cuando sabes que es la calma después de la tormenta.
Se hace tarde y tenemos que marcharnos. No es posible que nos alcance la noche en ese lugar apenas conocido. Aunque yo pienso regresar muy pronto…
Al otro día (!) (?) le cuento a M. el grande y fortuito descubrimiento. Le recalco que no nos quedó ninguna duda de haber encontrado sitio tan famoso. Pero se hace noche y tenemos que marcharnos de donde estamos. En ese punto pasan pocas peceras a esa hora, por lo cual decidimos caminar automáticamente en dirección de una base cercana. Me doy cuenta de que cuando estoy sólo no hago eso y pienso tomarlo como un hábito, pues es mejor caminar unas calles y tomar la pecera desde su base a estar esperando tontamente.
Vamos por callejones estrechos. En eso, le fanfarreo a M que yo puedo luchar contra los espíritus, que todo depende del valor del alma pues esas entidades malignas no pueden hacer nada contra el cuerpo. Intento enseñarle y reto al aire a que aparezca alguna. “Baja” una fuerza extraña desde la oscuridad, por encima de una barda, e intenta hacernos daño pero defiendo a mi amigo parándome firme y soportando a la cosa. Su fuerza es mucha y yo siento que abandono mi cuerpo formando un escudo. Llega otra entidad y es mas intensa aún, casi me arrepiento pero salgo bien librado como muralla.
Por si las recochinas moscas preferimos acelerar el paso. He entrado al sueño prelúcido (lo llamo así porque sé que estoy soñando pero sigo en la necia de que hubo una conmoción en esa playa y en la creencia supersticiosa de que hay “espíritus malignos”).
Lo que sigue es un andar y regresar por callejones tortuosos, acompañado de un amigo y a veces de una chica. Levitando por las calles, enfrentando fantasmas o pasando pruebas, como una en donde nos asomamos desde un puente y pasa un río a gran velocidad sobre unas piedras, con un túnel abismal al fondo de su caída. Pues este es un fluir rápido de aguas en descenso, marítimo y fluvial al mismo tiempo, que se va haciendo mas oscuro sobre el horizonte de su abismo. La banda con la que voy me reta a bajar y deslizarme sin que me lleve la corriente. Les digo que no puedo y nadie protesta, pues entienden el peligro, así que nos vamos a retirar. Pero justo en ese momento me imagino que las aguas no son tan rápidas y que puedo hacerlo, e intento recordarme que se trata de un sueño y, aunque no controlo bien las situaciones oníricas y siempre me sale el tiro por la culata, ¡de un salto me aviento al río y me deslizo corriente abajo por sus piedras y sus aguas! Para mi sorpresa no corro ningún peligro, antes bien me acerca (ahora voy caminando-levitando-brincando por una orilla) a una casa muy grande y muy lujosa, en donde encuentro… (…) …, para variar, sigo caminando  contradictoriamente por calles y viendo cosas parecidas a fantasmas y retos.
Visito otra casa más chica, y ahí también… (…) … Doy con un edificio de estilo moderno, muy sólido y solitario, como si estuviera abandonado. Parece que voy a despertar pero me esfuerzo por seguir soñando. No quiero regresar a mi casa porque sé que eso significaría despertar (incluso, en alguna parte del “retorno” a casa me topo con una pared-callejón sin salida y tengo que dar vuelta, ahí es justamente donde empiezo a levitar). Me hago el tonto dando vueltas y más vueltas, levitando, pensando que puedo volar…
En el edificio solitario que mencioné invento que hay una presencia maligna (al parecer no tengo mucha imaginación) y espero a que aparezca. Esto con el maldito pretexto de hacer tiempo y no REGRESAR-DESPERTAR. La presencia sale y es muy amenazante, con lo cual pienso que no es bueno jugar con fuego pero, insisto, es el síndrome de la montaña rusa: cuando estás arriba te  arrepientes y te quieres bajar, y una vez abajo lo primero que quieres es subir de nuevo.
No recuerdo que más necedades hice y deshice en el delirio de grandeza, el caso es que ha sido uno de los sueños que más he disfrutado en todos mis tristes días.

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AL OTRO LADO DEL CANAL

TRABAJANDO EN EQUIPO
Un grupo de personas, en equipo conmigo, estamos muy ocupados bombeando agua de una cisterna. Prevemos una inundación.
Estamos dentro de un refugio y la sacamos con cubetas y con una bomba. Hay agua por todas partes y la cisterna es enorme, como una alberca.
De pronto, cambiamos de escenario y ahora estamos en un campo bajo grandes puentes vehiculares. Los contemplo recostado en el pasto y platico con alguien sobre el autor de esa gran obra. Estamos bajo su sombra. Pienso que el arquitecto de esas construcciones debería ser más conocido. Lo considero como incomprendido.
LOS NUEVOS NÓMADAS
Aparecemos ahora en varios grupos a lo largo de una calle. Somos nómadas del siglo XXI.Voy inspeccionando todo el “campamento” y en uno de los grupos me encuentro con una amiga. En su grupo están bebiendo cerveza y ¿huisqui?. Llevo también una cerveza de lata en la mano pero se me ha terminado. Coqueteo con mi amiga y otra aparece en el grupo, celosa. Intento tomar otra cerveza del centro en una tina metálica, pero se han acabado. Mi amiga pide que se traiga más bebida y una señora con su hijito trae otra tina repleta. El grupo, que parecía muy tranquilo bebiendo, se avoraza de inmediato sobre las nuevas cervezas, como pirañas, pienso que estaban más borrachos de lo que creía. Es tan activa esta escena que sólo noto manos luchando por conseguir el vital liquido. Estiro la mano con tiento y alcanzo a ganar una cerveza.
JOLGORIO
Las mujeres a la derecha y los hombres a la izquierda. Es un baile. Los hombres se esfuerzan mucho y pasan de uno en uno al centro de la pista realizando sus mejores pasos. Esta desinhibición la adjudico al alcohol. Creo que se me ha subido un poco también y pienso que puedo mejorar sus pasos. Incluso creo que puedo realizar algunos movimientos sobre el suelo.
APOCALIPSIS
En el mundo ha ocurrido una gran catástrofe y somos los únicos sobrevivientes. Este mundo se divide en dos: una fortaleza y el exterior .Me parece que la fortaleza corresponde a la primer parte del sueño en donde estábamos evitando la inundación.
Nosotros estamos fuera y, aunque tratamos, no podemos entrar al refugio.
Aparecen unos oficiales al interior de este, como una nueva esperanza. Estos portan armas y están vestidos con atuendos futuristas: armaduras con cascos. Una malla infranqueable nos divide. De pronto, por radio nos llega un comunicado informándonos que hay más sobrevivientes. El comunicado viene de parte de oficiales de mayor rango.
Comienzo a sospechar que el comunicado del radio no es transmitido en vivo, sino que se trata de una grabación. Convenzo a todos de que así es y los oficiales desaparecen. Todo era una ilusión y estamos irremediablemente solos.
ASESINATO
Ha ocurrido un asesinato. Un actor (Vin Diesel) sospecha de un compañero del grupo y desata su ira contra él. Lo golpea con todas sus fuerzas hasta destrozar su cabeza. Lo detenemos. Extrañamente, no ha terminado con su vida.
Junto a nosotros hay un río. Sobre el río se aproxima una barca, y sobre la barca viene una mujer joven con su hijita. Esto me hace muy feliz.
TABÚ
Nos retiramos de ahí, el lugar ha quedado maldito con el asesinato. Nos vamos en dirección contraría del río y atravesamos un canal de aguas negras. Se establece una prohibición para que nadie, en el futuro, regrese a ese lugar. Dentro de mí pienso, sin embargo, retornar. La idea de lo que ocurre al otro lado del canal comienza a obsesionarme, me he dado cuenta de que estoy soñando y pienso en escribir una gran historia con este argumento. Hasta pienso que he de titularla “Al otro lado del canal”, contando el misterio del asesinato, el tabú establecido, y la fundación de un nuevo pueblo en las cercanías de este escenario. Un mito crecido en generaciones futuras, que no vivieron los hechos (delirio de grandeza). El río en donde vimos acercarse a la mujer con la niña me parece el lugar donde nace lo maravilloso, en sus aguas cristalinas. Para llegar a él sólo hay que atravesar un puente sobre las aguas sucias.
FUNDACIÓN
Atravesamos un riachuelo y decidimos establecernos ahí.  Yo estoy lucido, sé que se trata de un sueño pero mi mente sigue confabulando. Observo a un anciano sentado, rechoncho. Es el guía de todos nosotros. Inspira tranquilidad, sabiduría y reposo. Le imagino a voluntad una esposa. Esta llega y se porta muy cariñosa con él.
Descansamos, pero hay que fundar un pueblo en aquel lugar.

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CAMPO DE CONCENTRACIÓN

Varias personas y yo estamos encerrados en un cuarto grande y hay otros cuartos con la misma situación. En la puerta hay un guardián que sólo nos da el paso para salir al baño, pero insistiéndole. Es de noche y nos disponemos a dormir en camas individuales pero muy cerca unas de otras. Armo una estratagema para salir, hablando con el guardián, con la intención de escaparme. Me permite la salida para ir al sanitario pero aprovecho y escapo. Ya afuera estoy en una pendiente de tierra y está oscuro, aunque con algunos claros. A la distancia veo las casuchas en donde permanecen encerrados mis compañeros y de repente tengo una espada en la mano, misma que debí haber robado a alguno de los guardianes.
Regreso y peleo con el guardián (un hombre alto). Aunque la lucha dura un instante, brinco por encima de él (y de la puerta) y lo golpeo fuertemente con mi espada. Así rescato a mis compañeros.
Nos formamos en grupo y, sigilosamente, casi a rastras, vamos recorriendo el lugar para llegar a las otras casuchas. Reparo en la dificultad de ser varios, pues es más fácil que alguno de nosotros haga ruido y nos descubran, así que improviso dos señales con mis dedos índice y cordial, mismas que ellos entienden intuitivamente pues no se los puedo explicar para no hacer ruido. Si volteo y les muestro el índice quiere decir que tienen que ser más sigilosos, si les muestro ambos quiere decir que tenemos que detenernos y esperar. Esto lo hago en varías ocasiones con la intención de ser muy cuidadoso. No temo por mí, pues tengo un arma, pero entiendo que podría comprometer sus vidas, ya que van indefensos.
Llegamos a la siguiente casucha y les digo que esperen. Entro y mato al siguiente guardián (en una pelea frontal y más dinámica que la anterior), y más compañeros se nos unen. Ahora tenemos otras cuantas espadas. Seguimos rodeando y hay un intervalo por el que atravesamos una estancia enorme llena de antigüedades (megalomanía). Después seguimos por la terracería, como veníamos haciendo. Rescatamos a varios más y ya somos un ejercito. Llegamos a lo que parece ser el patio de entrada de ese “campo de concentración”, el cual parece tranquilo. Pero intuyo que si pretendemos salir así sin más seremos emboscados, pues creo que para ese momento ya descubrieron la pretendida fuga.
Planeo que tomemos otro camino por la parte posterior y seguimos rodeando la última casucha (es curioso, pero TODAS las “diferentes casuchas” son, en realidad, la misma). Vamos por un sendero de yerbas.
Llegamos a un barda en donde se ve al fondo la puerta principal del campo. Esta es negra. Y casi arrastrándonos nos dirigimos al patio, en donde parecemos de un tamaño muy pequeño, COMO SI FUÉRAMOS MUÑECOS. Afortunadamente, en proporción, los enemigos también han quedado en tamaño pulgar. Estamos en el patio de la casa, que no parece muy grande, y sin embargo caben en él dos ejércitos. Nosotros pegados a la barda, y protegidos por una curva en el terreno a modo de trinchera. Y ellos bajo un árbol, a cuatro metros aproximadamente y también con una pendiente a modo de trinchera, pero en los tamaños en los que nos encontramos, pareciera que estamos en un gran campo.
Desde éste punto me percato de que sí nos habían emboscado, pero con la táctica que seguimos evitamos el desastre, y en cambio quedamos a unos pasos de la puerta y podríamos salir sin mayor dificultad. Sin embargo, sabemos que faltan por rescatar los prisioneros de la última casucha, pero antes de hacerlo tenemos que luchar los dos bandos. En medio están esperando en su respectiva casucha-celda y nos preparamos para la pelea.

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