Posts Tagged Descenso

Extraviado pero comprando barritas Marinela de colores maravillosos

Estoy en la casa de mis parientes en la colonia San Felipe de Jesús de la Ciudad de México. Por no sé qué diablos estoy fuera de la casa y me alejo cada vez más. Como empieza a oscurecer temo extraviarme y decido regresar, pero demasiado tarde: ahora está completamente oscuro y no tengo maldita idea de dónde me encuentro. No entro en pánico y decido regresar guiándome con mi astucia. Las grandes avenidas por las que paso me son desconocidas pero en mi imaginación quiero identificarlas. Cruzo caminando por encima de un canal de aguas negras y veo claramente el agua sucia por debajo de mí. Luego veo a unos muchachos jugando baloncesto. Desciendo por una ladera con mucho cuidado de no caerme, ya que apenas si alcanzo a ver en la noche. Atravieso por unas unidades habitacionales y me voy tranquilizando. Como un ejercicio compensatorio como pocos, entro a una tienda, ya despreocupado, y tomo dos paquetes de galletas. Por si fuera poco se me antojan además unas barritas del mostrador y le pido al tendero las de color azul turquesa que están junto a las normales de fresa y piña. Luego, siguiendo con estos descubrimientos inusuales, me fijo en las barritas de color amarillo limón intenso y también me hago de un paquete de estas. No tengo maldita idea de los sabores de la mermelada de estas galletas pero no puedo esperar a probarlas.
En alguna parte del sueño imaginé la sentencia “cuando peleas con espadas tu cuerpo también cuenta”. En relación a la idea de defenderme si fuera necesario o porque tal vez sí hubo una parte en la que luchaba paro la he olvidado. Lo que quise decir fue que no sólo basta tener un arma como defensa sino que también los movimientos del cuerpo cuentan en dichas artes. Esto es, claro, y visto desde la vigilia, una tremenda perogrullada. Pero en el sueño debió servir para apaciguar la ansiedad.

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Y RESUCITÓ AL TERCER EMPUJÓN

Frente a mi casa ha aparecido de súbito un edificio harto parecido al Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México. Yo lo miro desde un costado. Al principio creía que se trataba del edificio referido, pero pronto me di cuenta de que era más pequeño y con algunas diferencias, llegando a la conclusión de que se trataba de una replica. Esta construcción tiene varias funciones, es casa y hotel, parque de diversiones y centro comercial. Mucha gente entra y sale del lugar.
Yo, que estoy acompañado, soy notificado de que hay cierta atracción consistente en una cripta subterránea con el cuerpo del Cristo. Por morbo me dirijo hacia esta. Descendemos por unas escaleras de piedra en penumbra. Al llegar contemplo una escultura muy realista del Cristo recostado en su tumba, con su mortaja y, extraordinariamente, con su corona de espinas en la cabeza. Los compañeros con los que voy comienzan a burlarse del maniquí, levantándole la cabeza y las piernas alternativamente, sacándole la corona y el sudario. Yo, por mi ateísmo, observo la escena sin mucho interés, sin reclamarles sus acciones que me parecen infantiles. Pero al observar su rostro excesivamente expresivo, empieza a invadirme una compasión extraña, hasta el momento en que la figura, que parece estar con vida, ¡abre los ojos lentamente y me observa, para expresar al mismo tiempo que dejen de lastimarlo!
Aterrados salimos todos corriendo, atropellándonos al subir por las escaleras de piedra. Yo voy con confianza y libre de conciencia, pues además supongo que si llegara a existir ser tal, este debería estar lleno de bondad, como se nos ha hecho creer siempre. Al momento de ir corriendo pienso en lo curioso del sueño, convertido súbitamente en pesadilla. Pienso, también, cómo es que yo he tenido un sueño con dicha temática. No por mucho tiempo, pues al momento ya estoy bastante lúcido y despierto.
Al estar en mi cama pensando en estas curiosidades soy sorprendido por un repentino estremecimiento que me paraliza por unos segundos, con el particular zumbido en los oídos de una típica alucinación hipnopómpica. Esto es extremadamente molesto, pues no cabe la menor duda de que estoy despierto. Una curiosa somatización de la angustia provocada por la culpa, tan difundida por las creencias cristianas.

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LOS CONSPIRADORES DEL PLACER

Entre varios tipejos, nos dedicamos a armar fiestotas al interior de los sueños. Como si nos reunieramos para tal propósito al ir cada quien a su cama en sus respectivas vidas. Esto lo sé porqué la mayor parte del sueño la vivo en lucidez. Al momento estamos en un depa, en un alto edificio, entrada la noche. Recorro el lugar y al caminar por largos pasillos en penumbra, cada vez que voy a girar siento que imaginación no dará para más y despertaré. Pero cuál es mi sorpresa que sigo y sigo sin despertar, y la aventura siempre continúa (estoy tan lúcido, que hasta recuerdo que cuando uno entra a la lucidez en un sueño está pronto a despertar).
Algunos de nosotros salimos a encontrar algo de comida para cenar. Pero en las calles, la policía quiere eternos por borrachos. Nos escapamos en varias direcciones y retornamos al edificio donde se lleva a cabo la fiesta. Al subir al departamento, resulta que los vecinos han llamado también a la policía. O son ellos mismos los que se organizan para terminar con la fiesta. Nosotros subimos por las escaleras a la azotea, para refugiarnos. Hay suspenso. La policía quiere atraparnos, pero los vecinos parecen más agresivos, como si quisieran lincharnos. Ellos acechan como zombies detrás de una pequeña puerta en el suelo.
En la azotea, cínicos, continuamos la fiesta. Hasta el momento, yo había seguido al grupo sin más, pero al momento de estar atrapados en la azotea se me ocurre un plan de escape y lo comunico a los demás. Se me hace importante movernos pues en nuestra posición seríamos detenidos tarde o temprano. Algunos dudan pero me esfuerzo en convencerlos. El plan es el siguiente (harto chusco): deslizarnos por las cuerdas metálicas de los ascensores hasta la planta baja, ya que supongo que los vecinos y los policías están agrupados en el piso contiguo a nosotros, pero no en la planta baja. Así lo hacemos y vamos por pequeños grupos. Yo soy el primero para probar el plan. Lo que sigue es una escena seguramente tomada de las películas. Como viniera un elevador en subida y a toda velocidad, tenemos que saltar hacia una orilla para esquivarlo. Luego de que éste ha pasado, regresamos igual saltando hacía las cuerdas y terminamos por deslizarnos. Para asegurarme de que todos salgamos tengo que dar varias vueltas para ayudar a bajar a los restantes. (no se específica cómo diablos volvía a subir cada vez)
Ya en la calle, corremos antes de que noten nuestra ausencia. En ese momento se precisa que todos somos soñadores y nos encontramos por las noches para hacer nuestros desmanes. Uno de los supuestos líderes reconoce mi estrategia y de cómo ya en otra ocasión (en otro sueño) había destacado igual para salvar al grupo. Yo estoy muy sorprendido de cuánto ha durado mi sueño en lucidez, por lo tanto, al correr y doblar por las esquinas, creo que voy a despertar pues ya fue demasiado. Pero no es así. Llegamos a otro edificio más pequeño y ahí continuamos la fiestota. Durante el transcurso varias de las “amigas” tienen contacto físico conmigo.
Para no variar somos nuevamente expulsados y perseguidos. Al parecer todos están indignados por estas y las veces anteriores que hacemos lo que queremos. Nuestro cinismo es grande, ya que aún en los escapes continuamos divirtiéndonos. Esta vez, al escapar, nos dividimos y corremos por varias direcciones, para despistar al enemigo. Se supone que todos sabemos dónde reunirnos más tarde, aunque esto, a la verdad, me confunde un poco, hasta que despierto. Todo el tiempo estuve consciente de que se trataba de un sueño, pero no fui capaz de reparar que es imposible que exista un club de soñadores en el mundo onírico, ya que éste es siempre personal (lo colectivo que tiene es la base de símbolos humanos universales, pero que cada quien personaliza al interior de su psique)

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IRSE POR UN TUBO

Estoy en una fiesta cerca de una playa. Junto con dos compañeros decidimos ir hacia ella. Es de noche, y al caminar todo está muy oscuro. Tengo miedo. Bajamos por una pendiente. Yo intento ver el agua, que sé que está ahí en la oscuridad. Nos dividimos por tres senderos. Yo estoy aterrado de la posibilidad de caerme al bajar y hundirme en el agua. Soy precavido. Finalmente descendemos por una especie de tubo-tobogan, pero es muy estrecho y al entrar en éste temo no poder deslizarme o empujarme con las manos y quedar atrapado a medio camino. Me sofoco.

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LA HERENCIA DEL TÍO RICO

En varios cuartos de mi casa están haciendo modificaciones. Hay un convenio con cierta señora para que tenga un espacio en ésta. Por las divisiones que se llevan a cabo me cuestiono cómo es que cabremos en tan reducidos espacios…

Voy con mi familia a ver una casa con un gran terreno que nos cedieron, como la clásica herencia del tío rico pero desconocido, ja. En ella, varios trabajadores nos muestran el espacio. Subimos por una especie de túnel-tobogán a otro nivel. Estando ya allí me dirijo de curioso más arriba (hablo con un señor vecino mío, con alzheimer que siempre me encuentro en la calle y que saludo aunque él no me reconozca a veces. Igual ocurre aquí). Mis familiares bajan y yo me retraso. Intento alcanzarlos pero el tobogán por el que subimos se ha reducido de tamaño y estoy sólo arriba. No quepo por el túnel en cuestión, que ha quedado del grosor de una manguera. Está muy alto y ni siquiera cabe mi pie, y mucho menos mi cuerpo, para descender por ahí. Me angustia este cambio, y la presión aumenta porque la manguera ni siquiera está fija en nada, de modo que si cupiera por ella aún así no me atrevería a aventarme, pues seguro me vendría abajo con todo y todo, quedando como calabaza…

Mi psique intenta resolver la cuestión con alguna salida, imaginando a mi hermano arriba conmigo y que él pudiera sujetar la manguera mientras yo me aviento… intentando imaginar (no estoy lucido) que la manguera es otra vez un tobogán y vuelvo a caber en ella… en fin, que nada sirve, escena siguiente ya estoy con mi familia de regreso a mi casa por transformación mágica…

Nos hemos dado cuenta que se trataba de un truco, no era ninguna herencia y más bien nos intentaban vender ya que estuviéramos entusiasmados (algo recuerdo con respecto a mi casa, creo que hasta intentaban quitarnosla con ese pretexto). Nos retiramos molestos. Yo doblemente molesto.

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PORTAL INTERDIMENSIONAL

Me disparan y escapo arrojándome a un tobogán. Descenso en espiral. Tengo que corregir para imaginar que no me dieron los tiros.
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Voy en transporte público y desciendo, pero ahí no es mi destino, sólo un lugar donde debo tomar un segundo transporte. Observo una escuela en una glorieta. Tiene una forma de roca hueca. Veo que es muy chica para ser escuela y me pregunto si será subterránea. Sigo caminando y a unos metros encuentro la verdadera escuela, redonda, pero igual pequeña. Adentro hay algunos alumnos con instrumentos musicales
En el mismo escenario hay un portal inter dimensional para entrar en él. Un equipo (¿militar?) me prepara. TOMO LA FORMA DE UN SER TRIPARTITA (!), como una estrella de mar gigante de tres extremidades, o como una cosa extraterrestre o indefinible. Y me dispongo a entrar. Recuerdo vagamente que hay que luchar contra algo al interior del portal.

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“ATROPELLADO”

Despierto y mi casa es una combinación de mis dos últimos trabajos. Yo estoy en éste pero no tengo prisa porque me siento dueño del lugar y sin compromisos, porque recuerdo bien que ya no laboro. Estoy en un primer piso, me asomo y veo en la planta baja a mi antiguo jefe… pienso pasar a saludar a los amigos pintores y a Esme.
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Camino por el centro de una ciudad, al parecer México, pero es un tanto diferente, sin embargo, sí hay muchos palacios. Es un día festivo y están cerrando las calles a los vehículos. En un callejón encuentro sobre un puente rústico a dos amigos, J. y A. Llevan apuración y entusiasmo porque tienen que hacer no sé qué cosa con respecto a una exposición que acaban de ver (¿un ensayo?). A. se adelanta (¿atrasa?) y le pregunto a J qué de quién es la exposición, para checarla luego o el trabajo de la artista (creo que se trata de una mujer). Él me mira con mucha confusión y no sabe decirme nada. Me sorprende porque su entusiasmo no corresponde a esa ignorancia, además de que vienen exactamente de ahí. Hay que aclararlo, a veces uno se olvida de los nombres con facilidad, pero en su caso ¡parece haberlo olvidado todo! Llega A, se despiden y se van. Yo empiezo a sospechar que esto es un sueño. Sé que él no sabía nada porque mi psique es la que había inventado el argumento y después no lo resolvió, sacando por medio de una red semántica un nombre de artista cualquiera.
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Estoy en una reserva de artistas en el centro de la ciudad. Dicho refugio no existe, claro. Veo el trabajo de J (¿no se había ido porque tenía algo que hacer?) y de C. Y yo me pongo a trabajar en una escultura que ya lleva tiempo ahí (?). Consiste en placas de poliestireno expandido, de aproximadamente 6 milímetros de grosor cada una, apiladas todas formando una estructura de 1 m o 1 m 1/2  cuadrados. Lo que hago es raspar algunas placas dejándolas en relieve hundido en comparación de otras, en alto o bajo relieve. Trabajo minucioso por los 6 milímetros de grosor que tienen. Cuando quiero darme cuenta ya la estoy tallando de más y prefiero dejarla para continuarla luego…
Camino por el campamento y me encuentro a una vieja amiga vendiendo chatarras (no la recuerdo). Pero se me hace algo triste pues se ve como señora.
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Juego a saltar por el piso, entre las orillas de las banquetas y a no pisar la tierra (en ese tramo están arreglando el piso en una clara compensación de “calles cerradas-pavimento en reparación”). Sé que es un sueño.
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Me voy y sigo por las mismas calles “cerradas”. El ambiente de celebración por ser día festivo se siente más vivo. Voy en descenso y, contradictoriamente, por  el medio de la calle da vuelta un camión grande. Como hace ya rato me dí cuenta de que estoy soñando me aviento al curso del camión para ver qué pasa con la imagen onírica, sabiendo que no corro el menor riesgo (Ja). Predeciblemente el camión no me atropella, sino que se estrella con un auto rojo que ha aparecido milagrosamente a una orilla (el camión también cambio su trayectoria mágicamente, es decir que todo su enorme cuerpo fue transportado más a la orilla en lugar del centro de la calle por donde iba). Detrás de éste viene todo el tráfico y a mí no me da maldita la gana de moverme del centro. Me voy caminando con todos los autos atrás de mi…
En eso aparece a gran velocidad una camioneta de la policía y me empuja por la espalda llevándome pegado a su defensa en una travesía a la vez amenazante y maravillosa. Veo las calles que pasan, el camino delante de mí, el viento pegandome en la cara, y todo eso con una rapidez increible…
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(Parasomnia; y me duermo a propósito)
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En una casa con la puerta abierta sacan una mesita y me acerco. Es un señor con su esposa en el juego de la bolita. Él empieza de merolico y me quedo de chismoso. Su esposa continúa con la perorata y ya no le vuelve a ceder la palabra al marido. Mágicamente aparece un grupo de curiosos y yo distingo entre ellos al palero o la rata que bolseará a los despistados. Como me doy cuenta de que se trata del güero atrás de mí y todos se re pegan, decido salirme de la chusma mientras pueda. Me alejo por un callejón cerciorándome de que nadie me siga. Y cuando ya estoy tranquilo sale un señor para asaltarme, persiguiéndome a gran velocidad. (Estoy lúcido pero corro por si las re cochinas dudas)

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EL CAMINO TORTUOSO

Conduzco una bicicleta a gran velocidad en una vía rápida. Un trailer detrás de mí me va a alcanzar y puede atropellarme. Miro la escena desde afuera (posteriormente) y hago un esfuerzo por imaginarme que aumento la velocidad para librar el peligro. Varías avenidas confluyen en ese punto.
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Sigo la travesía a pie, aparezco caminando de bajada pues es menos peligroso. Mi destino es llegar a una montaña y acampar. El miedo de estar sólo en la montaña cuando llegue la noche se apodera de mí. Siempre he querido hacerlo pero me he detenido. En ese momento aparece un profesor de la carrera, a quien admiro y respeto. De pronto somos gigantescos y vemos el mundo desde arriba: el paisaje muestra muchos relieves, ríos y grandes extensiones de tierra. Mi “maestro” es quien me muestra todas estas cosas mientras platicamos coloquialmente. Le informo que estoy en un viaje y el me dice que va al suyo. Ya somos de tamaño normal en esta platica. Nos despedimos y yo sigo descendiendo y él se va en la otra dirección.
Cruzo una valla alambrada. En una porción tiene un paso secreto: hay que levantar una manta o lona y descender. Sé que la han hecho los nativos para facilitar su paso. Atravieso una calle y entro por callejones tortuosos e internos (el vientre de la ballena). Allí encuentro a un niño y lo ayudo a pasar por encima de unas bicicletas amontonadas que estorban. Llegamos con ¿su mamá? y me despido dejando al niño a salvo. Pero la señora me dice que por donde me estoy yendo (izquierda) es la casa de un señor que se molesta que atraviesen por ahí (símbolo del OGRO). Le hago saber que entonces me voy a ir por el otro lado (derecha), pero ella me dice que es muy peligroso porque hay una pandilla de malvados que dominan el lugar. De hecho le extraña cómo es que haya podido llegar hasta ahí a salvo. Me desanima para seguir mi destino, incluso observo que a través de su casa podría pasar si le pido permiso, pero no me atrevo. He decidido buscar otro camino.
Salgo de la zona de pasadizos y encuentro a otra señora más joven, le pregunto por un pasaje para llegar al otro lado, pero ella me corrobora que es en extremo peligroso. Le insisto pero termina convenciéndome. Cobardemente he decidido regresar. Ella me sobre aconseja irme por el camino a mi derecha, pues la pandilla también domina el otro lado aunque estén divididos por la calle que mencioné.
Voy de regreso y cruzo la calle, yéndome por la derecha. Allí encuentro a una amiga de mi mamá y la saludo, aunque ella no me reconoce. Me dice por qué calle debo de subir exactamente. Le agradezco y al despedirme le digo que soy hijo de… para que se acuerde a quien ayudó. Pero ella es muy indiferente conmigo.
Al subir por esta calle pasa de bajada un señor canoso, tosiendo enfermo. Lo reconozco porque es una personalidad de la tele y lo llamo por su apellido: “señor Guzmán”. Para que vea que me preocupo por su salud. Él sigue su marcha y apenas voltea a mirarme. Yo sigo mi camino. Pasa un profesor de mi carrera que no me conoce y alcanza a el otro personaje. Se ponen a platicarr y, sin advertir plenamente la diferencia, ahora los dos son profesores que conozco y se les une una señora. Yo sigo subiendo y a mi derecha un señor contempla al grupo. Él me dice que está preocupado por la salud del que tose, que es un gran pintor y un artista muy valioso, que ojala se recupere pronto. Le doy el avión y continúo.
Ahora subo por una gran pendiente, aunque es la continuación del camino. Es un cerro. El grupo de los tres comienza a subir también detrás de mí.   Encuentro unos bultos gigantescos que estorban el camino. Los intento pasar con mucha dificultad. En eso, la señora que iba atrás cobra gran velocidad y sube el cerro más rápido que todos. Me alcanza y me rebasa, sobrepasando hábilmente los enormes bultos. Intento imitarla pasando por la derecha, pero me sigo hundiendo o resbalando, en realidad representan una gran dificultad.

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COMPRAR UN DEPARTAMENTO (EPIFANÍA)


Visito unos departamentos pues voy a comprar uno. Soy una mujer. En realidad ya tengo uno en el primer piso subiendo las escaleras, creo que quiero mejorarlo. El edificio se parece mucho a mi preparatoria.
Reviso los de la orilla derecha, son del mismo tamaño que el mío y me explico que estos son más baratos porque su baño es externo. De hecho alcanzo a oír que detrás de las puertas (de madera) la gente se baña. Luego reviso uno de la izquierda, entro por un pasillito muy estrecho y en la parte de arriba se ve algo muy curioso, lamentablemente he olvidado lo que era.
Salgo y me dirijo a ver los de mayor precio, me da curiosidad saber en qué son mejores. Subo por unas escaleras externas al techo y ya soy yo de nuevo. Para llegar a estos hay que subirse por una lona horizontal a gran altura. Es muy peligroso ir por allí, llueve tempestuosamente y el viento agita la lona, que es muy resbalosa por estar mojada. La sensación de lluvia es muy vivida. Tengo mucho miedo de caerme, me agarro como puedo pero la lona es muy grande y hay mucho trecho por recorrer. En eso aparece un señor que es experto en esa maniobra y me va motivando para que no me suelte y avance. Es muy socarrón y chistoso: un clown. Con mucho trabajo llego al final de la lona, pero pienso que no he de volver a cruzar por ahí, así que los tales departamentos, aunque mejores, se pueden olvidar de mí. Ahora hay otro obstáculo más difícil: de la orilla de esta hacia el piso hay una cadena de gente agarrada (como en el juego de las cebollitas), para poder bajar hay que irse sujetando de ellos. Así lo hago, por recomendación del guía, que sigue haciendo tontadas. La cadena se agita por el viento y yo me tambaleo junto con ella. De pronto comienzo a tomar confianza y voy más rápido. Dejo al señor pues siento que ya no lo necesito, y cuando quiero ver de un sólo movimiento me deslizo por la cadena humana, dando vueltas y vueltas temerarias hasta llegar al piso.
Fue muy divertido. Quiero subir ya de nuevo. No me importa el temor que había experimentado al comienzo, como cuando te arrepientes de haberte subido a una atracción mecánica y en cuanto bajas ya quieres subirte de nuevo.
Me dirijo a ver los departamentos, mágicamente ahora voy con una sobrina. Subimos por otras escaleras y al parecer llegamos a un lugar prohibido. Ella se mete en un departamento y se queda atorada. Alguien viene y tenemos que escapar: no puede salir pero tampoco se angustia, le ha parecido bien estar ahí. Se me hace tardísimo para llegar a una cita (?) y tengo que dejarla temporalmente: voy rápido y regreso.
Estoy en un túnel y camino. De pronto me quedo estático y experimento una EPIFANÍA: una voz en mi cabeza me dice que…  (esta parte ha sido marcada como privada).
La voz insiste en la insignificancia del TIEMPO. Este no existe o es poca cosa, en dos o tres años lo único que debo hacer es ser práctico. Se pasan rápido y de esta manera conseguiré una verdadera victoria de lo SIMBÓLICO sobre lo mundano, con su aseguramiento y consecuente despreocupación.
18-04-11

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CASITA INFLABLE

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El escenario es una galería de arte. Se exhibe un inflable en forma de casita. Se entra en ella o se sube al techo. Yo opto por lo segundo. Dos amigos de la secundaría están ahí. El techo es muy inclinado e inestable, no puedes andar por él sin caerte o irte de lado. En una de sus orillas se observa un hoyo en el piso de la galería. Es un descenso de escaleras en espiral varios pisos hacia abajo. Este panorama me produce vértigo, pienso que los de la galería son muy imprudentes por no poner unas vallas en esta orilla del inflable, o tapar el agujero en el suelo.
Uno de mis amigos, latoso, malvado e inconsciente al mismo tiempo, empuja al otro, que cae por este abismo. Me preocupo y amonesto a mi amigo. Corro escaleras abajo y este me sigue. Esto para cerciorarnos de que el otro este bien, o cuando menos vivo. Vamos a toda velocidad pero no es suficiente, así que me dejo caer para evitar bajar escalones y llegar más rápido. Para esto compenso con la idea de que mi amigo (el latoso) y yo, tenemos “superpoderes”. Así que podemos efectuar un salto así.
(laguna)

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FRANCOTIRADOR (VIAJERO DEL TIEMPO )

Estoy en un pueblo rustico, con un aire muy antiguo y pintoresco, con su placita publica y casas y edificios medievales. En suma, estoy en otro tiempo, pero soy un viajero del tiempo pues creo que llegué ahí con cierto artificio y propósito.
Soy otro hombre, muy distinto al de la realidad, y desconozco mis motivaciones. Porto un rifle.
En la plaza pública cuelga un hombre, y hay soldados o custodios dispersados por el pueblo. Es de tarde. En eso, tomo mi arma y apunto al hombre colgado y le disparo, matándolo (es absurdo, si estaba colgado, ¿no tendría que estar en suplicio o muerto?). A continuación empiezo a dispararles a los oficiales. Ellos tardan en percatarse pues mis disparos son silenciosos y ellos están dispersos. De ese modo continúo buscándolos entre la población del lugar para seguir eliminándolos. Es hasta después de un rato que siembran la alarma y comienzan a buscar al responsable.
Me sorprenden y tengo que huir, pero de vez en cuando volteo y sigo matando a unos cuantos. En parte porque es lo que venía haciendo y en parte para que no puedan alcanzarme. Ellos ahora traen armas también y me disparan, pero sus rifles son muy anticuados en comparación con el que yo porto.
En la persecución huyo hacia una zona herbosa y sigo la escena “desde afuera”, como si todos fueran muy pequeñitos. Mi imaginación, a voluntad, hace que la zona herbosa se convierta en un bosque, pues considero que así será más realista y misterioso el asunto (me doy cuenta de que estoy fantaseando y así lo expreso también al reacomodar a voluntad el refugio abajo descrito).
Bajo por una pendiente a toda velocidad, y temo ser alcanzado pues ellos me persiguen montando a caballo. Así que me detengo por un momento para eliminar a mis perseguidores. Ahora se ha vuelto de noche y eso es algo a mi favor: mi tecnología me permite portar un visor que visualiza al enemigo en la oscuridad y lo vuelve brillante por la temperatura de sus cuerpos: verde fosforescente, como en la película “Depredador”. Ellos, por supuesto, andan a ciegas.
El enemigo se dispersa para peinar la zona y encontrarme, me han perdido, y yo aprovecho para sacarles distancia. Con todo, de vez en cuando todavía me doy el lujo de voltear para dispararles. Aunque apuntarles se vuelve cada vez más complejo.
Llego a un refugio diseñado por mí bajo la tierra, y camuflado con hojas del lugar. Me escondo en él para pasar ahí la noche. Este refugio esta bastante bien acondicionado así que no me preocupo. Además tiene una mirilla para observar muy discretamente lo que ocurre afuera. De aquí en adelante fantaseo constantemente por mejorar las capacidades del refugio y volverlo cada vez más seguro. Estoy en el vientre de la ballena, en su forma benigna.
Transcurre la noche (así lo creo) y decido salir para seguir eliminando al enemigo. Esta muy oscuro y voy con mucha cautela, girando la vista en 365 grados para no ser sorprendido. Los localizo montando guardia y los voy eliminando poco a poco. En eso, un nuevo grupo de guardias me ha descubierto y comienza una nueva persecución, ahora más de cerca y en perjuicio de mi persona.  Siento peligro. El refugio se ha quedado atrás y no puedo llegar a él, además tomo otra dirección con el propósito de no comprometer mi guarida. Llego a una zona poblada y me les he escapado nuevamente. Después regreso al refugio, aseguro mi arma y me cambio de ropa para regresar al pueblo donde empezó todo.
(No recuerdo en qué momento del sueño intento convencerme de que en vez de dispararle al ahorcado le estaba disparando a la soga para liberarlo. Pero esto es solamente una fantasía tardía dentro del sueño, porque yo mismo sé que no fue así)
Cuando voy llegando algunos oficiales, nerviosos, me ven, pero como soy una persona respetada e influyente en el lugar no pueden inspeccionarme. Llego a una casa grande junto al bosque (pero ya parte del pueblo) en donde una chica linda sale a recibirme y un hombre que al parecer es el jefe de los guardias. Ellos están enterados de lo que ha pasado pero no sospechan que yo soy el causante del alboroto. Esta última escena transcurre rodeado de oficiales y yo pienso que en cuanto pueda he de regresar por mi rifle para continuar el exterminio.

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