Posts Tagged Cambio súbito en la emoción onírica
Examen de conciencia y puente del paraíso
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 21 mayo, 2012
En cierta institución educativa nos realizarán una prueba de ética. Una especie de juicio público que además es una suerte de concurso. Yo soy el primero al que le realizarán la prueba. Estoy muy nervioso porque seré expuesto totalmente. No me considero una mala persona pero como todos tengo mis pecadillos y me inquieta que se abran a la opinión pública. Las dirigentes del examen de conciencia son una especie de trabajadoras sociales con especialidad en psicología (¿????). Me sientan al centro de un grupo de personas y comienzo a contar mi historia, tratando de ganármelos (bueno, no iba a resultar mi propio enemigo). Obtengo muy buenas reacciones por parte de la concurrencia y todo el ánimo se relaja. Las organizadoras comienzan a repartirnos dulces e interrumpen para que haya tiempo de que otros compañeros vallan dibujando lo que vamos narrando los participantes. Se abre un receso y yo me acerco a ellas para sugerirles que el ejercicio puede ser más dinámico si los dibujantes trabajan sus imágenes automáticamente con lo que se va diciendo, como escritura automática del surrealismo. Se sobreentiende en ese momento que los que estamos participando narramos, en realidad, sueños. Al tiempo de dar mi sugerencia se visualizan los compañeros haciendo dibujos sobre papeles sujetos a las paredes mientras los demás hablamos… Se termina la ronda de discursos (en realidad no hubo tales, sólo la certidumbre de que los hubo) y proceden a la premiación. Como les he resultado muy simpático a las organizadoras me otorgan el primer lugar. Pero observo las reacciones del grupo y entiendo que no a todos les parece justa esta determinación. Conmino a que se realice una votación en la que se cuenten las opiniones de todos…
Terminan las clases y salimos en bola. Vamos por una calle y cuando quiero darme cuenta voy caminando junto a cierta chica encantadora que me cautiva de inmediato. Su sonrisa es dulce y su plática me reconforta demasiado. Llegamos a un cruce en donde todos los demás desaparecen de vista y ella y yo doblamos por otra calle. Me doy cuenta de que ese camino es exactamente la dirección contraria por la que debería irme pero no me preocupa en lo más mínimo. Aunque acabamos de realizar un examen de conciencia y de honestidad sé que no la estoy engañando y no me preocupa que me pregunte si yo voy en esa misma dirección. Sólo sé que quiero estar con ella y que quiero acompañarla, hasta creo que es implícito el hecho y que ella sabe que no es mi camino. Ella me platica que la asaltaron el día anterior y que al otro día tiene que ver a su asaltante. Además no es la primera vez que este la solicita (¿??????). Todo eso es muy extraño, pero no demasiado para alarmarme como lo haría ante tal comentario viniendo de cualquiera en la vigila. Sólo alcanzo a bromearle diciéndole que si no será que su asaltante se la quiere ligar, por esa insistencia de verla constantemente… En fin, en sueños uno no tiene que reparar tanto en congruencia como en lo que puedan significar los símbolos…
Llegamos a una entrada resguardada por un parquecito y un puente como de juguete. Es un arco de unos dos metros de altura aproximadamente y tres de largo. Se balancea como un sube y baja: cuando el peso está de un lado se inclina hacia este y cuando el peso está del otro se curva para allá. Sobrecogidos por el encanto amoroso del momento, cruzamos el puente como si realizáramos un juego, libres de cualquier prejuicio y temor por un puente tan aparentemente endeble: así debe ser la delicadeza en las conexiones más profundas del alma. Como era de esperarse, cuando vamos cruzando, el puente se balancea hacia el frente y tenemos cuidado de sujetarnos bien mientras avanzamos, con más diversión que susto, como he dicho. Se me ocurre que, como de hoy en adelante habremos que cruzar todos los días por él, habrá que tenerle particular cuidado por su delicadeza…
Llegamos a una especie de centro comercial con una amplia sala circular en su centro. Ella compra un refresco que tiene que llevar intacto, y yo por error lo abro. No me amonesta por ello. Llega su familia y de pronto tienen prisa. Sé que la acabo de conocer y tendré que ser paciente. Entre sus familiares me resulta simpático que se encuentre Lupita, y sospecho que hasta puede tratarse de una prima suya. Ella vuelve a comprar otro refresco y me recuerda que no tengo que destaparlo y yo asiento, sólo para después destaparle en un acto torpe y nervioso como pocos. Con mi cara de tonto le digo que ya volví a destaparlo, pero sigue sin amonestarme. En eso estamos cuando veo en uno de los aparadores una mujer en miniatura, realizando ciertos ejercicios gimnásticos, parada sobre una pierna y flexionando la otra. Me extraña sobremanera e intento descifrar el truco (tal vez he adquirido cierto grado de conciencia en el sueño). Sospecho que puede tratarse de un holograma: la mujer estaría realizando la acción en una sala apartada , video filmada y proyectada en pequeño para el público que la observa sorprendido. Me fijo con más detalle y elaboro una segunda teoría: puede tratarse de una figurilla hiperrealista que simula bastante bien la carne y aspecto general de una mujer en miniatura. Pero caigo en la cuenta de que eso no explicaría su movimiento. Lamentablemente para compensar la figura pierde detalle en la mimesis y el movimiento para que parezca más una muñequita muy bien fabricada pero sin más. Su aspecto primario era más maravilloso cuando la cubría el misterio…
Mi amiga se marcha con los suyos y yo ya estoy esperando a que llegue el siguiente día para encontrarla de nuevo y cruzar de nuevo el puente del paraíso. Ese que te saca fuera del tiempo y te regresa a un estado original y al margen de todas las convenciones. Fuera del mundo. Al interior de los llamados más sensibles del corazón humano.
Palomilla-Trilobita
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 24 abril, 2012
Estoy ridículamente vestido como el Chapulín Colorado y voy brincando de azotea en azotea a lo largo de una calle, en estilo parkour. De pronto, me retraso en mi marcha porque he dejado algo atrás y comienzo a buscarlo.
En una de las azoteas hay un cuarto de vivienda. Allí vive mi hermano Enrique y de pronto se da cuenta de que hay un invasor y sale a asomarse junto con su perro. Yo me salgo del personaje para ser identificado. Además, entiendo que el perro debe también reconocerme. En realidad tengo ciertas dudas pues mi hermano no tiene ningún perro. Se trata de una mascota que lleva muerta aproximadamente 20 años, una perrita blanco y negro de nombre Buny. Cuando nos reconocemos mutuamente ambos nos ponemos contentos. Yo la acaricio.
En esa misma estancia, me avisan que lo que estoy buscando se encuentra adherido a una pared en declive, en una de las orillas de la azotea en donde estamos. Me asomo para verificarlo y encuentro que el muro se encuentra plagado de insectos de dos especies, ambos brillantes. Tomo una palomilla azul “fosforescente” y me doy cuenta que la especie que busco debe ser la otra. Pero la observo a detalle y me llama la atención que tiene la forma arcaica de un TRILOBITES. Al estar orillado comienza a darme vértigo de altura. Dejo el insecto en su lugar y me incorporo.
Aparezco, de pronto, intentando subir por unos hilos que cuelgan del techo. Subo por uno de ellos y me apoyo de un segundo, pero lo hago torpemente. Llega mi hermana Inés y me enseña cómo se debe hacer. Lo intento de nuevo y obtengo un mejor resultado. La táctica es subir por un solo hilo e ir subiendo poco a poco, con las manos, una especie de manija que se va atorando por partes escaladas y hacia arriba. Con los pies uno tiene que sujetarse bien…
Regreso, por fin, a mi cuarto, y no puedo prender las luces. Además los muebles tienen una ubicación extraña que alcanzo e divisar en la oscuridad. Recuerdo, por último, que pronto será mi cita con mi terapeuta y no sé qué le voy a decir…
4.5 en inglés
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 9 abril, 2012
En clase de inglés. Detrás de mi butaca y a la derecha está la maestra, que incongruentemente en el sueño es Rosario A. Ella me platica de sus planes para viajar a Holanda. Le digo que a mi también me gustaría ir. Luego realizamos un examen. Omar D. está junto a mí y yo recargo mis pies en su cuerpo. A él parece molestarle visiblemente. Estamos como recostados. El examen es de listening y se me complica en extremo. Descaradamente le copio y me confío. Al final creo que sacaré diez. Rosario nos califica y observo cuando está revisando el mío. Inicia tachando las primeras respuestas y así continúa, para mi pesar. Obtengo un bochornoso 4.5 y a parte me regaña “por tener un muñeco suyo y pasearlo toda la clase”. Decepcionada por mi calificación me dice con pena: ¡Geras, por qué te quedas! (en el sentido de por qué te atrasas)
POR SIEMPRE HERÁCLITO
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 1 septiembre, 2011
“En un río entramos y no entramos, pues somos y no somos (los mismos)”
HERÁCLITO (El Oscuro de Éfeso)
Llegamos en autobús a un templo budista. Éste entra hasta el patio del recinto, en donde descendemos. Me da gusto estar ahí, sin embargo, no tengo ninguna prisa por inspeccionar el lugar y principalmente el “altar” [sic]. Primero me dirijo a desayunar, con mis acompañantes. Y aprovecho para servirme bien, en un local mexicano y atendido por señoras mexicanas, lo cual es contradictorio con el lugar geográfico en donde nos encontramos.
Voy a inspeccionar y encuentro gran expectación por la filmación de un comercial. Me quedo también viendo, pero me llama la atención que, como hay tantísima gente, las cámaras de filmación no podrán obtener tomas limpias. Y lo resuelvo pensando que es el propósito del director. De otra forma no nos dejarían estar ahí.
La escena que se filma es impresionante: una persona sostiene a un bebé en sus manos, el cual le es arrebato por una fuerza invisible a gran velocidad, luego el bebé regresa a sus brazos de la misma forma. Corte, y se repite, para obtener varias tomas.
Más adelante se filma otra escena: en un río, por el frente, los actores (multitudinarios) se colocan en la orilla, realizando sus interpretaciones. Mientras su reflejo va quedando registrado en el agua, como una pintura acuática (!!!!!!!!!!!!). Las representaciones de sus personas son claras y coloridas, como el agua alcanza a permitirlo, con ondulaciones y eventuales transformaciones con el fluir del río, que se lleva toda la ilusión a su paso…
Los espectadores estamos en la otra orilla, separados de los otros por el río. Me llama la atención un actor que se ve de tamaño impresionante, y que creo reconocer (no es un falso recuerdo, la celebridad existe, aunque desconozco su nombre). Él se equivoca en su dialogo. Corte y se repite…
Todo va muy bien hasta que descubro que el lugar en el que estoy sentado está infestado de insectos. Volteo y me alcanzo a sacudir unos grillos de mi espalda, y trato de evitar que se me suban otros. Al muchacho que está sentado a mi lado también se le han subido por el cuerpo, pero él no padece de entomofobia. Finalmente pido auxilio para que me ayuden a quitarme los demás insectos sobre mi espalda.
MEGA POSADA
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 17 agosto, 2011
Fiestota en mi casa. Se trata de una posada.
Mi mamá realiza un performance con una supuesta amiga suya, negra y con esteatopigia. Las veo descansando después de la acción.
Veo los dinosaurios de mi sobrino.
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Un animal pasa corriendo, parecido a una sabandija (como reptil). Me preocupa en extremo que me pase por la cabeza, así que me tapo con las cobijas. No sé que estoy soñando. Realizo una acción cotidiana pero aun así la combino instintivamente con mi seguridad en la cama al dormir.
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Ch e Inés realizan un juego de números y adivinanzas. Esforzándose mucho en hacer voces graciosas. Gina y Jos están también en un primer piso. Gina sirve un café con hielos que se ve sabroso. Veo también a uno de los gemelos nieto de don Nacho. Lo saludo cortésmente.
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Mi primo Juan y yo vemos un auto que llega y mete su trompa ¿con comida? (!) por debajo de una puerta corrediza. Se va y luego pretende regresar. El auto parece tener vida propia.
OFRENDA DE MANDARINAS Y “PARTIRLES SU MANDARINA”
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 1 agosto, 2011
Estoy de viaje en un pueblo, boscoso y urbanizado al mismo tiempo. Voy con un grupo de personas que varían a lo largo del sueño. Primero parecen se familiares con los que voy, y terminan siendo cuates de mi edad, junto con una aparición esporádica de un galán extranjero.
Aburrido, me voy a caminando sólo por una larga avenida, en donde voy contemplando el paisaje. Empieza a oscurecer y me preocupo de haberme alejado tanto. Sin embargo, camino otro ratito, y cuando veo que ya me pasé, regreso.
Contradictoriamente, estoy ahora en parque luminoso. Hay una estructura arqueológica extraña (que no recuerdo) y algunas personas me enseñan a ofrendarle cáscaras de mandarina (!). Hay otros ritos sencillos pero se me fueron.
Llego por fin con mis acompañantes, que, como dije, han cambiado. Nos vamos a subir a una estructura al interior de otro parque (¿una pirámide?). Yo llevo una escalera para este efecto. En ella, nos dicen que tenemos que ofrendar cáscaras de mandarina, y nos dan algunas. Yo me emociono diciéndoles que recuerdo ya haber hecho eso y que estoy familiarizado, intentando explicarles cómo. Es extraordinaria la repetición del acto, como calca.
Terminamos y bajamos. Es algo tarde y queremos hacer otras actividades. Yo me enojo muchísimo porque nadie se preocupa en ayudarme con la escalera o por lo menos con mis cosas, que tengo que ir a encontrar. Ellos no cargan nada. Cargado con todo, voy lento. Al acercarme a donde están los canijos me imagino un berrinchote: he decidido dejar la escalera botada y retirarme sólo, que ellos se preocupen en buscarla y cargarla o, mejor aún, ¡qué se las roben!
No lo hago. Tomo la calma y llego con ellos. Platicamos las posibilidades que nos quedan de nuestra visita. Hasta el momento hemos llevado a cabo dos de tres actividades planeadas (se entiende que lo del ritual de las cáscaras fue la segunda, y la primera ¿?), y nos falta la tercera, que a su vez se divide en tres posibilidades (entrar a un evento, visitar un lugar ¿? o simplemente comer). Nos sentamos a discutirlo, en unas banquitas a las afueras de un gran inmueble, cual fresas. En eso, aparece como compañero nuestro, sentado a la mesa, un señor extranjero, de aspecto atractivo. Él parece gustarle a…. y éste se pone a coquetear con otra chica, a la cual tampoco le parece indiferente. Esa chica es ficticia, a diferencia de la otra. La observo bien y noto que es guapa. Él intenta besarla, consiguiéndolo, pero esto no pasa de una broma que todos aceptamos.
Se discute ahora el horario. Son las 8 pm, y si entramos al evento (¿una obra de teatro, una película?) saldremos a las diez. Si regresamos a esa hora, la chica llegaría como a las doce o una de la mañana a su casa. Como además tenemos que acompañarla primero, antes de ir a nuestras respectivas, tal vez ya tenemos mejor que retirarnos. Así lo decidimos.
En eso, me levanto de la mesa y camino (¿por qué diablos?). Llego a otro bosquecillo. Pasan corriendo dos de mis amigos cerca de mi y me les uno. Vamos tras unas ratas que se llevaron la bolsa de nuestra amiga. Los perseguimos en pleno bosque y todo es muy confuso. Lugareños nos indican a lo lejos por dónde se van las lacras. No podemos verlos, tan sólo escuchamos sus pisadas en medio del bosque obscuro. Mis compañeros me van contando cómo estuvo el robo: la chica (que ahora es C) se levantó después de mí, dio unos pasos y en eso le arrebataron sus cosas. Al correr, en lo único que pienso es en alcanzarlos y partirles su mandarina en gajos, aunque se que opondrán resistencia…
LA HERENCIA DEL TÍO RICO
Publicado por Gerardo Valverde en PESADILLA, SUEÑO, Sueños el 19 julio, 2011
En varios cuartos de mi casa están haciendo modificaciones. Hay un convenio con cierta señora para que tenga un espacio en ésta. Por las divisiones que se llevan a cabo me cuestiono cómo es que cabremos en tan reducidos espacios…
Voy con mi familia a ver una casa con un gran terreno que nos cedieron, como la clásica herencia del tío rico pero desconocido, ja. En ella, varios trabajadores nos muestran el espacio. Subimos por una especie de túnel-tobogán a otro nivel. Estando ya allí me dirijo de curioso más arriba (hablo con un señor vecino mío, con alzheimer que siempre me encuentro en la calle y que saludo aunque él no me reconozca a veces. Igual ocurre aquí). Mis familiares bajan y yo me retraso. Intento alcanzarlos pero el tobogán por el que subimos se ha reducido de tamaño y estoy sólo arriba. No quepo por el túnel en cuestión, que ha quedado del grosor de una manguera. Está muy alto y ni siquiera cabe mi pie, y mucho menos mi cuerpo, para descender por ahí. Me angustia este cambio, y la presión aumenta porque la manguera ni siquiera está fija en nada, de modo que si cupiera por ella aún así no me atrevería a aventarme, pues seguro me vendría abajo con todo y todo, quedando como calabaza…
Mi psique intenta resolver la cuestión con alguna salida, imaginando a mi hermano arriba conmigo y que él pudiera sujetar la manguera mientras yo me aviento… intentando imaginar (no estoy lucido) que la manguera es otra vez un tobogán y vuelvo a caber en ella… en fin, que nada sirve, escena siguiente ya estoy con mi familia de regreso a mi casa por transformación mágica…
Nos hemos dado cuenta que se trataba de un truco, no era ninguna herencia y más bien nos intentaban vender ya que estuviéramos entusiasmados (algo recuerdo con respecto a mi casa, creo que hasta intentaban quitarnosla con ese pretexto). Nos retiramos molestos. Yo doblemente molesto.
NIÑO DE DÍA Y HOMBRE POR LA NOCHE
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 16 julio, 2011
Estoy con mi hermano Armando. Nos subimos a un puente que están construyendo y le digo que ESTÁ BIEN SER NIÑO DURANTE EL DÍA PERO POR LA NOCHE HAY QUE SER HOMBRES (lo digo en un sentido filosófico de maduración, no en un sentido libidinoso).
En una escuela de artes transito por los salones. Atravieso una calle y llego a otra sección de la escuela en donde da clases Rosario. Platico con sus alumnas. En un momento dado se crea gran expectativa por cierta instalación que están haciendo los alumnos de mi hermano, dirigidos por él (en realidad el proyecto parece ser suyo). Vamos y nos asomamos desde unos grandes ventanales para ver la pieza, que es muy grande y está hecha para verse de un edificio a otro de la escuela (ya había dicho que ésta se dividía en dos cruzando una calle). Para esto ambos edificios son de grandes ventanales, y la pieza consiste en una superposición de varillas y/o astas que hacen juegos de repetición de módulos y que interactúan bastante bien con el lugar.
Todos están muy emocionados, pero en el momento menos oportuno llegan unas autoridades del gobierno de ese lugar (¿Texcoco? ¿¿¿???) para censurar la obra. La polémica es fuerte y yo particularmente me les aviento con las garras, defendiendo a todo pulmón la instalación (hasta ni articulo bien mis palabras y me doy cuenta de ello).
La cosa se extiende y nos dirigimos a sus oficinas ubicadas en otro edificio distante del que nos encontramos. Las calles son muy bonitas, por cierto, rusticas como de pueblo del Estado de México. Allí vuelvo a llamar la atención por aperrarme a nuestros derechos (Ja, hay que recordar que la pieza ni es mía y ni siquiera soy colaborador pero ando de metiche). Ellos intentan ser diplomáticos pero no saben explicar que es lo que está mal en la pieza. Mi hermano, a su vez, dialoga con ellos de manera menos arrebatada que yo. Nos ponen muchos peros, que si hay que quitarle esto, ponerle esto otro. Pero a la verdad terminamos ganando, pues no hay nada malo en la pieza. la escena es algo cómica, en el edificio en cuestión estamos todos en bola y dispersos de repente entre las instalaciones, que por cierto, también tienen una escultura en su centro al interior del edificio, muy parecida a la que mi hermano está instalando, como si yo la visualizara proyectándola en ese lugar.
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Disponiéndonos a regresar el argumento cambia de sentido, ni siquiera estoy seguro de que sea el mismo sueño o dos seguidos: somos viajantes de una excursión guiada por mi hermano. Somos hartos, entre sus estudiantes, mi mamá (que hasta entonces no había aparecido), una prima invitada por mi hermano, otros maestros, y otros adultos parientes que no reconozco. La situación es muy confusa para abordar los diferentes autobuses que nos llevarán de regreso. Yo ando en la lela. No sé si regresarme sólo o esperar a que me asignen un lugar. En eso, voy caminando, pues me gusta ver las calles del lugar (¿Texcoco?). Cuando ya todos abordaron su autobús, mi hermano, mi prima y yo nos dirigimos al que nos corresponde. (Hay una pausa misteriosa en la que entro a cierto espacio reducido con otras personas, haciendo un pendiente antes de irnos, pero lamentablemente no recuerdo la naturaleza de ésta escena).
En nuestro autobús mi hermano conduce. Yo, no recuerdo porqué poco a poco voy enojándome. Llegamos bien rápido a nuestro destino, ya más cerca de mi casa. En ese lugar quedaron de verse todos los camiones con los estudiantes a bordo. Al bajar observo cómo llegan todos sanos y a salvo, pero por un perverso malentendido los padres de familia están angustiadísimos pues los esperaban tres horas antes, de hecho son bien poquitos los que nos esperan, todos los demás (la gran mayoría) se han ido a buscar a sus hijos (¿a dónde?).
Caminando por ese lugar voy con un primo (¿no era una prima?). Hacemos memoria y yo creo recordar que ahí es a donde siempre llegábamos cuando regresábamos de ¿Texcoco? cuando éramos niños. Él me dice que así era con él, pero que no se acuerda de mí con ellos, hasta que “hace memoria”. El dichoso lugar es un callejón rojo muy prolongado y quebrado, parecido al callejón del diablo en Mixcoac, pero más apretado y extendido, en rojo, como he dicho. Por ahí cruzo dos veces (corrección onírica: me hago pasar dos veces por ahí con el único sentido de decirle a mi primo que recuerdo ese lugar, cuando en realidad se trata de un falso recuerdo).
Ya estoy encabronado y me quiero regresar, pero mi hermano insiste en seguir ahí. Los concurrentes empiezan a marcharse a sus respectivas casas. Yo sigo caminando con mi hermano y mi prima, que parece admirarlo demasiado. De pronto, voy solo con ella y aprovecho para hacerme el desentendido. Me despido de ella, que queda extrañadísima por mi comportamiento. Me pregunta si no voy a esperar a mi hermano y le digo que no, que yo ya me voy. Y así sin más, me retiro.
Abordo una combi y allí va mi mamá también. Poco antes de llegar a mi casa ella se despide y se baja, ahora el confundido soy yo, pues tardo en recordar que ella vive aparte… Lamento haber hecho mi berrinche y dejar a mi hermano atrás. Como se ha visto en éste sueño me comporto como un niño, HABRÁ QUE ESPERAR QUE LLEGUE MI NOCHE…
Un sueño larguísimo que atraviesa por las tres emociones básicas de los sueños: EXALTACIÓN, IRA y ANGUSTIA.
DOS ESCUELAS DE ARTE
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 10 julio, 2011
Tengo que regresar a mi casa y voy en metro ferreo. Es una línea desconocida por mí y transbordo. Abordo un nuevo tren y me quedo dormido, pasándome toda la línea sin recordar que tenía que bajar en la siguiente estación. La línea es corta, de apenas unas cinco o seis estaciones, pero sigo preocupado porque tengo que llegar a chambear a mi casa con mis proyectos y no sé ni siquiera dónde estoy.
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Ahora estoy en una escuela de artes y hablo con dos o tres personas. Es momento de ir a comer y voy con ellos. No sé cómo pero me les aparto y no los encuentro para comer. Regreso y no encuentro bien el salón a donde debería dirigirme. Es muy confuso ver las diferentes puertas y no saber en cuál entrar. El parecido de esta escena con las puertas de Alicia en el país de las maravillas es impresionante.
(Nuevo intermedio en donde me dirijo con prisa a mi casa. Me he ido de la escuela y camino confuso por unas calles, desconozco el lugar. De pronto encuentro una estación parecida al tren ligero de la ciudad de México, pero sé que estoy en otra ciudad. La estación a la que llego es de la misma línea por la que andaba en la primer parte del sueño, así que creo que sólo di una vuelta y ando cerca de donde partí. Sin embargo, es confortante el encuentro con ésta.)
Nuevamente en la escuela: me voy hacia la parte posterior del terreno que ocupa ésta y encuentro unas vías de tren, y junto a las vías otra escuela de artes que me gusta más que la primera. Ambas están juntas, como gemelitas. Entro y soy bien recibido. Se realiza una ¿coreografía? entre varios alumnos. Intento integrarme pero por lo absurdo del tema mejor me aparto. Entre los alumnos y maestros encuentro a Marco, que dirige un grupo. He notado que varias personas están bebiendo alcohol, pero dispersos. Le pregunto a Marco que dónde está la bebida y me dice discretamente que tome de su botellita, que me la encarga y regresa, pero que tome de ella disimuladamente porque está prohibido por la institución. Tomo la dichosa botellita yendo con ella con tiento. Se rumora entre los alumnos que algunos “privilegiados” están consumiendo bebidas embriagantes adentro de la escuela y que sólo unos cuantos pueden hacerlo. Yo me siento importante por ser uno de esos pocos. Para éste momento ya no me importa tanto llegar a chambear a mi casa y he decidido tomarme el día, ya que no pude partir a tiempo…
LA LUCHA CON EL ÁNGEL
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 7 julio, 2011
Estoy en compañía de mi hermano R y otra persona. Cruzamos una reja para llegar a…
En moto nos dirigimos al mismo lugar. Yo guío. Intrépidamente me le atravieso a los autos detenidos en un semáforo y llegamos al dar vuelta a la derecha. Mi hermano me dice que debí dar vuelta un poco antes, pero la verdad yo creo dentro de mí que hicimos menos tiempo de cuando él guía. En este lugar creo tener mi casa, compartida con Paco. Una señora nos dice que su hija quiere ir a rentar con nosotros. Menciono a la persona que vivió allí antes de mí y que me cedió el depa…
Evocación de mi hermano Ar como una persona firme y de mucho respeto. Así como lo veía cuando era niño. Él pasa junto a mi y me invita cordialmente a comer con él. Le digo que voy pronto. Pero en vez de eso llego a casa de mi tío S, que es en Chimal pero en una casa ficticia. Allí es un negocio, como tienda. Comen pastel dos primos junto a su mamá, mi tía. A mí se me antoja mucho, y pienso en comprarme uno saliendo de ahí. En ese lugar un señor hace una apología de la coca cola, hablando de sus beneficios para el organismo y de como el doctor hizo mal en prohibírsela (!). Éste hombre se convierte en el papá de… y uno de mis primos en C. El señor lo llama y le aprieta la nariz como si fuera un niño. Yo me cago de la risa por dentro y mejor me voy.
Camino por la calle en dirección de mi casa. En esto pienso que mi tío hizo bien en venirse a vivir para acá, por su tranquilidad. Voy sólo, pero al llegar a mi casa ya voy acompañado de dos personas. Antes de llegar, en la casa de los vecinos, hay un velorio. Un niño muerto al parecer. El velorio se realiza en la calle. Al pasar unas personas nos preguntan qué decía cierta inscripción o anécdota del velorio anterior (de un bebé muerto apenas hace unas semanas y cuyo recuerdo evoco en mi sueño) pero les respondemos que es demasiado feo para decirlo… Hay una lona tirada sobre el suelo, en vez de cubrir a la concurrencia, lo cual vuelve más deprimente el escenario.
Justo cuando voy entrando a mi casa tengo un altercado con mi abuelo (muerto hace más de quince años). Me sigue hasta adentro y forcejeamos. Yo sólo le tomo las manos sin esforzarme de más, pues se que está cansado por la edad y sería injusto ponerme al tú por tú con él. Nos quieren separar y yo estoy de acuerdo con eso, pero él insiste. Le digo a mi hermano que yo sé bien que si él fuera más joven y en pleno vigor seguramente me ganaría en la lucha…
PINTAR ENTRE TERREMOTOS
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 2 julio, 2011
Junto a unos amigos de la carrera (artes visuales) les vamos a ayudar a unos chicos de teatro a pintar una manta escenográfica. Tomamos unos pinceles pero están contaminados de pintura fresca (¿o es que ya los estábamos utilizando?). En un patio en el que estamos hay charquitos de agua. Veo como mis compañeros lavan sus pinceles ahí y hago lo mismo, pero en el momento en que remojo los míos me percato de que esa agua encharcada tiene peces de colores muy bonitos. Con lo cual creo que no fue bueno lavar los pinceles ahí.
Ahora estamos en un espacio interior y yo discuto con un señor sobre las medidas verticales en la proporción de las cinco figuras a pintar en las mantas. Yo creo que tengo razón y que como él lo está haciendo no van a caber o no se verán proporcionalmente bien, pero él es algo necio. En eso estamos cuando un fuerte temblor hace presencia y todos empiezan a salir. Yo aprovecho para seguir discutiendo y hacer las cosas como yo quiero, hasta que el movimiento de la estructura es insoportable y tengo que salir también, para no quedar aplastado si el edificio cayera.
Ya en el patio encuentro a Esau, y una de sus amigas llega borracha (Ceb). El patio en este momento no es del todo al aire libre, como en la primera escena de los charquitos de agua con peces, sino que tiene unas estructuras de metal a manera de vigas sobre el techo, que cruzan varios metros arriba de donde nos encontramos. El temblor para y estamos a la expectativa. De pronto, una replica llega y yo sigo viendo el peligro de las vigas, si se nos vinieran encima. Llega Eblem y me dice que los guantes que estamos utilizando están sucios y hay que desinfectarlos (¡para qué diablos necesitamos guantes para pintar!). Nos dirigimos a un edificio a la izquierda de la explanada y allí encontramos a una chica pintora que está muy apurada trazando las cinco figuras de la manta, más preocupada por las proporciones horizontales que las verticales, ya resueltas. Le pregunto que si no salió al patio cuando temblaba y me dice que no, que prefirió quedarse a trazar los dibujos… me sorprende su valor anteponiendo la chamba al peligro. Además creo que lo hace muy bien y no le critico nada, como al señor de las proporciones verticales. Con ella platicamos lo fuerte de los temblores que acaban de pasar y cómo todo se movía. Al recordar, pareciera como si todo se moviera de nuevo con la evocación. Es impresionante el recuerdo dentro del sueño.
Salimos nuevamente. El patio ahora se encuentra en un gran cerro. El escenario se compone de una explanada con dos grandes edificios a izquierda y derecha. Intento ver a la gente que estaba en el patio por los temblores pero solamente veo en una pendiente algunos árboles pelones (solamente troncos). En ese momento pienso marcarle a mi mamá más tarde para decirle que estoy bien y preguntarle por ella. La razón de hacerlo mas tarde es porque creo que las comunicaciones estarán bloqueadas por un buen rato como pasa en esas ocasiones.
Nos dirigimos hacia el edificio a la derecha. En la entrada hay un árbol impresionantemente colorido y reluciente, a diferencia de los que acabo de ver. Completamente surrealista, pues en la realidad no hay árboles así que yo sepa. Ya adentro me llama la atención lo lujoso de la arquitectura y los muebles. Una chica fresa y guapa sale por nosotros para darnos una visita guiada por el lugar (Ceb.). Nos lleva por un tubo en donde vamos jugando y payaseando a que nos caemos y nos damos la mano para “salvarnos” (particularmente ella hace como que resbala y cae y yo la ayudo, pero sólo estamos jugando). A un lado del tubo parece haber agua. Al final de éste llegan unos niños a rodearnos y la chica les da unos ladrillos como premio. Son mis cinco minutos de fama, pues en el momento de la entrega me balanceo con todo el cuerpo haciendo reír a todos con mi bobada (!!!). Es muy divertido lo poco que me tomo en serio en ese momento, lo más destacable de mi sueño y de mi historia onírica en general. ¡WWWWWOWWWWWW!!!
LA LIGA EXTRAORDINARIA
Publicado por Gerardo Valverde en Sueño lúcido, Sueños el 5 junio, 2011
Formo parte de una banda mixta, en donde todos son muy hábiles en el manejo de armas y artes marciales. Yo comando, pero en realidad soy otra persona (SOMBRA-álter EGO).
Luchamos contra una corporación mundial que controla a las personas. Ellos son los “buenos” y nosotros los “malos”. El primer gran golpe lo dan ellos y nos dispersan. Parece que perdimos pero vamos por la revancha. Mi principal objetivo es matar a su jefe.
Como si tuviéramos un plan preconcebido si ocurría tal golpe en el grupo, sabemos en qué punto reunirnos para reincorporarnos. Es bajo un puente vehicular. Allí nos lleva un taxi (a una parte de nosotros) y nos encontramos con los demás. No todos llegamos y creemos que no todos sobrevivimos o estamos libres. El caso es que desde allí nos vamos a colar a su base de control (una fortaleza inmensa) para exterminarlos. En todo momento somos conscientes que tal empresa es suicida, porque somos muy pocos en comparación de ellos. De por sí entrar ya va a estar muy cañón, y acabar con ellos otro tanto. La dicha fortaleza esta sobre el relieve de una grandes montañas boscosas, pero es al mismo tiempo un sitio muy urbanizado. En donde estamos es el cruce de grandes puentes vehiculares y por debajo de uno de ellos nos colamos, evitando las alarmas, de las cuales conocemos previamente su ubicación.
Entramos y nos dispersamos, cada quien abarcando un sector. Básicamente lo que hacemos es movernos rápido por las instalaciones, desarmando al enemigo, matándolos a aspadazos. Y dejando inconscientes a los civiles con un toque rápido a la yugular. El desplazamiento tiene que ser a supervelocidad para que no les de tiempo de escapar o activar una alarma que nos delataría. Y también hay que esconder los cuerpos para ocultar las evidencias. Así vamos por diferentes salones, subiendo escaleras y atravesando pasillos. Espada para los malosos y movimiento marcial para los civiles, como he dicho. Estos están en nuestra contra y no saben que intentamos ayudarlos a salir de su alienación. En momentos tenemos que escondernos debajo de una reja o en la sombra. Somos muy sigilosos, como ninjas.
No encontramos al jefe enemigo y tenemos el plan de reintegrarnos en el bosque como guarida. En donde sería muy difícil para ellos luchar contra nosotros. Entre el escondite y el ataque cambio de tamaño en más de una ocasión, haciéndome pequeñito. Pero cada vez que soy como muñeco me recuerdo hacerme grande de nuevo para poder pelear. Hacerse pequeñito sirve para esconderse, pero al momento de pelear estaría invulnerable. Ando también por patios externos, entrando y saliendo de los edificios diferentes de la fortaleza. En éste momento la cosa se vuelve peligrosa, pues hemos sido descubiertos. Observo a una de mis compañeras que ha sido atrapada. Me angustia demasiado el hecho de que será torturada, pero por el momento no puedo rescatarla. Su cara parece algo envejecida, con lo cual me cuestiono cómo es que anda en esos trances tan peligrosos con nosotros. Pero lo adjudico a su experiencia en las artes de la lucha, en donde vale más maña que fuerza. De cualquier forma su rostro me genera angustia, porque sé que sufrirá en manos del enemigo, que es cruel. Y ella es muy expresiva cuando se la están llevando en sus redes. Además, todo el grupo es como si fuera un mismo ser, lo que le pasa a uno nos pasa a todos. Yo como jefe, soy responsable de su vida.
Salgo a otro de los patios, que es ahora un mar, y pienso que lo mejor que le podría pasar es que la mataran, antes que la tortura. En no sé que “vehiculo” me trepo para alejarme y tomar fuerzas, contar las bajas y reagruparme con mis compañeros. La idea del bosque como refugio me obsesiona, pero nunca llego a este.
Me voy sobre el mar pero ya quiero regresar a partirles su mandarina en gajos a esos desgraciados. En la primer lucha fuimos derrotados, en la segunda (que es la historia del sueño) fue empate, pero falta la última incursión, con ellos debilitados. Como quien dice, el que ríe al último ríe mejor…
EMBOSCADA Y COCHINILLAS
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 23 mayo, 2011
Inspeccionamos un árbol, sus raíces gruesas. Lo identifico con el sueño que me contó Pedro por facebooc y creo recordar que de ahí debió tomar el recuerdo para su sueño. Esto es un falso recuerdo.
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En la entrada de un lugar vigilado tenemos que dejar las mochilas para ingresar. Como no está la encargada y tarda, la poli nos lleva a donde podemos dejarlas. Es absurdo, en realidad sólo tendríamos que dejar los bultos y ya.
Al seguirla, mi hermano se adelanta y yo me enojo mucho. Camino más rápido para demostrarle que puedo ir a su paso e incluso tener iniciativa.
Llegamos a una azotea para dejar las mochilas. Sólo hay que treparse y dejarlas, y en la parte de atrás es más fácil bajar pues no es tan alto. Esta azotea está bajo un árbol y la poli nos indica que siempre que entremos podemos dejarlas ahí sin preguntar.
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Vamos con espadas por un callejón. Cambiamos la ruta hacia otro y nos emboscan unos E… Nos tiran una red desde arriba y yo la corto en pedazos. Sin embargo no soy lo bastante rápido pues veo como a dos de mis compañeros los suben con la red. Hago retroceder la imagen para que ellos no sean atrapados (Corrección onírica) y los vuelvo más rápidos. Matamos a los E… Estos traen armaduras medievales y cuando alanceo a uno cuestiono la facilidad de atravesarlos con mi espada. Les rebano las cabezas a algunos y a otros sólo los atravieso. Ellos son lentos y no parecen defenderse, incluso recuerdo a uno, viejo.
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En mi cama, estiro la mano izquierda y aplasto sin querer una cochinilla en la pared. Con mucho asco. Me levanto y noto que antes ya había disecado a algunas con una especie de veneno pues eran plaga. Estas forman unas letras, a las cuales nunca les puse atención, más preocupado por la repulsión. Van delineando las dichas letras y en la parte de abajo nuevas cochinillas, que se reprodujeron de las sobrevivientes, siguen ese curso, causándome impresión que, estando vivas, formen también letras, como imitando a sus compañeras muertas. Se mueven no obstante y ya quiero limpiar la pared.
JUGUETES EN LA AZOTEA
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 23 mayo, 2011
Juguetes en la azotea: Donald, Mickey, Pluto, Tren… soldaditos… Pluto está como enojado, pero lo contentamos. Experimento vividamente la animación, pues los veo con vida y de pronto extáticos, con conciencia de que yo los muevo con mi imaginación.
Voy a la cocina y me enojo con mi mamá. Quiero un pan de dulce, lo pruebo y me sabe bastante bien. Allí veo más muñecos, sobre todo a He man, que lo veo doble y ya quiero integrarlo a mi juego.
ROBÍN HOOD, REGIÓN CUATRO.
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 16 mayo, 2011
Soy un forajido asesino. Estoy en el cerro del Chimalhuachi y tengo un duelo con otro rebelde y nos perseguimos para matarnos con pistolas. Él es rechoncho y está acompañado de otra persona más chiquita, creo que es un niño. Nos volvemos compinches y hacemos destrozos. Tenemos que huir hacía otra parte del cerro. Dejamos a una chica guapa que es también pistolera y parte de la banda, pero sigue formando parte de nuestras filas, como una sucursal. Nos acompaña una pareja con un hijo, otra chica “guapa”, dos chicas “feas” y un grupo de niños. Nunca se dice el nombre de la banda.
Asaltamos y matamos a quien sea. No discriminamos.
Bajamos a un poblado y nos tienden una emboscada. Hay un tiroteo, pero uno de ellos, matón, es la mayor amenaza. Parece que va a acabar con nosotros, nos hiere a mi compinche y a mí en el estomago. En expectativa quedo frente al matón, como en las películas western. Le disparo con mi pistola de la mano derecha y no le hago ni cosquillas. Luego alguien junto a mí parece apoyarme moralmente, aunque debiera estar en mi contra, pues soy el azotador. Como sea me armo de energía y saco rapidísimo la pistola de mi costado izquierdo y con ella mato al rival. El que me apoya es trabajador de un restaurante-fonda. A él no le quito su dinero, en cambio le doy $50 (¡qué marro!).
Heridos no podemos subir por una reja en el escape, lo cual nos llevaría a nuestro escondite. Mi banda me dice que me harán pasar aventándome (se ve una imagen de mí aventado como si fuera de peluche o un títere). Esto no me parece chistoso y me encabrono. Empiezo una pelea y los persigo, variando la emoción de la IRA a la EXALTACIÓN, pues todo se convierte en un juego, “tu las traes”. En ésta etapa me visualizo como Jack Sparrow correteándome con mi bandita.
Un grupo de muchachos nos reta a jugar y no aceptamos. Se burlan e insisten con que quieren estar sentados (¡¡¡¿no querían jugar?!!!). vamos y los matamos para no variar, a chicos y chicas por igual. Es una masacre. Como era el cumpleaños de una de ellas ¡¡¡NOS TOMAMOS FOTOS JUNTO A SU CADÁVER, SIMULANDO FELICIDAD CON ELLA Y LA ESTRECHAMOS ENTRE TODOS!!! El contraste entre nosotros, que payaseamos, y ella sangrante inmóvil, es no tener temor de Dios. O no tener madre.
Tenemos que huir de nuevo. Una de nuestras amigas decide quedarse y la pareja con su hijo también. Soy el único que regresa a despedirse. Llego a una casa y desde los cristales de las ventanas les digo adiós (a la pareja). No puedo entrar porque tienen una visita y yo soy un proscrito. Ellos me aprecian pero la decisión de no irrumpir es mía. Melancolía es decir adiós a través de una ventana y no poder estrechar las manos por vez última…
Por otro lado, a la chica que también se queda, intento matarla para que no nos delate. A diferencia de las otras deserciones (tres en total, más el bebé, que no lo cuento por falta de voluntad) en ella no confío.
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Llego (sólo) a una población más urbana. Hay un local donde se intercambian estampas coleccionables. No entro pero pienso regresar y empezar una colección (obviamente me estoy ablandando, y es un deseo de compartir algo socialmente aceptable).
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El ejercito nos busca…
COMPRAR UN DEPARTAMENTO (EPIFANÍA)
Publicado por Gerardo Valverde en SUEÑO, Sueños el 19 abril, 2011
Visito unos departamentos pues voy a comprar uno. Soy una mujer. En realidad ya tengo uno en el primer piso subiendo las escaleras, creo que quiero mejorarlo. El edificio se parece mucho a mi preparatoria.
Reviso los de la orilla derecha, son del mismo tamaño que el mío y me explico que estos son más baratos porque su baño es externo. De hecho alcanzo a oír que detrás de las puertas (de madera) la gente se baña. Luego reviso uno de la izquierda, entro por un pasillito muy estrecho y en la parte de arriba se ve algo muy curioso, lamentablemente he olvidado lo que era.
Salgo y me dirijo a ver los de mayor precio, me da curiosidad saber en qué son mejores. Subo por unas escaleras externas al techo y ya soy yo de nuevo. Para llegar a estos hay que subirse por una lona horizontal a gran altura. Es muy peligroso ir por allí, llueve tempestuosamente y el viento agita la lona, que es muy resbalosa por estar mojada. La sensación de lluvia es muy vivida. Tengo mucho miedo de caerme, me agarro como puedo pero la lona es muy grande y hay mucho trecho por recorrer. En eso aparece un señor que es experto en esa maniobra y me va motivando para que no me suelte y avance. Es muy socarrón y chistoso: un clown. Con mucho trabajo llego al final de la lona, pero pienso que no he de volver a cruzar por ahí, así que los tales departamentos, aunque mejores, se pueden olvidar de mí. Ahora hay otro obstáculo más difícil: de la orilla de esta hacia el piso hay una cadena de gente agarrada (como en el juego de las cebollitas), para poder bajar hay que irse sujetando de ellos. Así lo hago, por recomendación del guía, que sigue haciendo tontadas. La cadena se agita por el viento y yo me tambaleo junto con ella. De pronto comienzo a tomar confianza y voy más rápido. Dejo al señor pues siento que ya no lo necesito, y cuando quiero ver de un sólo movimiento me deslizo por la cadena humana, dando vueltas y vueltas temerarias hasta llegar al piso.
Fue muy divertido. Quiero subir ya de nuevo. No me importa el temor que había experimentado al comienzo, como cuando te arrepientes de haberte subido a una atracción mecánica y en cuanto bajas ya quieres subirte de nuevo.
Me dirijo a ver los departamentos, mágicamente ahora voy con una sobrina. Subimos por otras escaleras y al parecer llegamos a un lugar prohibido. Ella se mete en un departamento y se queda atorada. Alguien viene y tenemos que escapar: no puede salir pero tampoco se angustia, le ha parecido bien estar ahí. Se me hace tardísimo para llegar a una cita (?) y tengo que dejarla temporalmente: voy rápido y regreso.
Estoy en un túnel y camino. De pronto me quedo estático y experimento una EPIFANÍA: una voz en mi cabeza me dice que… (esta parte ha sido marcada como privada).
La voz insiste en la insignificancia del TIEMPO. Este no existe o es poca cosa, en dos o tres años lo único que debo hacer es ser práctico. Se pasan rápido y de esta manera conseguiré una verdadera victoria de lo SIMBÓLICO sobre lo mundano, con su aseguramiento y consecuente despreocupación.
18-04-11
EL CONTRATO (Vender el alma al Diablo)
Publicado por Gerardo Valverde en PESADILLA, SUEÑO, Sueño lúcido, Sueños el 16 abril, 2011

GERARDO VALVERDE/OBRA





