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El gigante egoísta, versión psicópata

Un grupo de personas, junto conmigo, estamos en la casa de un hombre extremadamente solitario, retraído y parco de palabras. Recorremos la casa y yo pongo especial atención en su jardín. La estancia y el argumento del sueño en esa primera etapa debió ser extensa, pero no la recuerdo. Sólo me queda esa sensación de intensidad sin poder acceder a los detalles…
En un momento dado, estamos tres personas en el umbral de una puerta, el hombre está al interior de la casa y todos los demás compañeros pasean por el jardín. Sin previo aviso, nuestro anfitrión cambia la expresión de su rostro, toma una pistola con silenciador y nos asesina a mí y a los dos que estaban en la puerta conmigo. Los demás corren por la casa, que se encuentra cerrada como una trampa, e intentar escapar, sin éxito. Yo, supuestamente muerto, observo la continuidad de la historia desde el exterior de mí mismo y más adelante “encarno” a los otros que intentan escapar. Con frialdad, el asesino sigue detrás de sus víctimas y los va matando poco a poco (con gran detalle en la visualización de estas escenas). En el jardín, en una estancia con unas escaleras y a los últimos los mata intentando brincarse la barda para salir, y caen justo en esa posición. Como dije, por breve tiempo soy también de los que escapaban y de los que intentaban brincarse.
Al final, en una escena harto liberadora y folclórica, voy caminando con unos amigos por la calle, exactamente después de haber “salido” de la casa (esto es claramente contradictorio). Imagino que soy súper fuerte y que las balas de nuestro asesino no pueden hacerme daño (en ese tiempo verbal). Es día de Halloween y un montón de niños desfilan por la calle, disfrazados. Nosotros vamos a contracorriente de ellos.

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Guardián del Umbral y persecución por laberinto

Camino cerca de la supuesta casa de Alis. En el bordo de Xochiaca. E intento identificar bien los edificios para que cada vez que pase por ahí lo tenga en cuenta. Observo un grande edificio naranja y lo tomo como referencia para el futuro. Luego “regreso” a su casa.
En ella (aunque en realidad se trata de una iglesia), mi familia y yo intentamos matar a alguien para robarle gran cantidad de dinero. Nadie se decide hasta que yo, con sangre fría, lo hago sin miramientos clavándole un cuchillo por la espalda. Tomamos su dinero y alguien junto a mí toma un trapo y limpia mis huellas. Alguien más toma fajas de dinero y las mete a mis bolsillos junto con muchas monedas. Entre todos dan un poco de dinero a los asistentes a la iglesia para sobornarlos, que aceptan de muy mala gana.
Nos vamos apresurados y una vez afuera, en un callejón, no podemos marcharnos pronto porque J tiene que ir por su bicicleta y tenemos que esperarlo en plena huída. Tal situación me pone en extremo nervioso.
Al emprender por fin la graciosa huída les digo a todos que nos vayamos por la derecha, ya que por la izquierda nos encontrarían muy fácil. Al correr nos dispersamos y pierdo a mis familiares. Entro desesperado a un local para llegar más rápido a la avenida que lleva a mi casa, pero un señor me quiere cobrar quince pesos de peaje. Reviso mis bolsillos con temor de que vea los billetes de alta denominación que llevo conmigo, los cuales me delatarían. Pero para mi fortuna encuentro también un cambio. Le ayudo a subir una cortina metálica de su local por la cual tendría que irme, pero una vez que me asomo me doy cuenta de que no comunica con la avenida sino con un grande estacionamiento en el que podría perderme. Por tal razón decido no hacer el trato a última hora e intento retirarme. El señor, de aspecto desagradable en extremo (encorvado y sucio) saca un enorme cuchillo y comienza a perseguirme por pasillos laberínticos. Para éste momento la angustia es extrema y estoy muy desorientado. Giro por pasillos cada vez más estrechos y entreverados sin encontrar salida. Hasta que decido enfrentarlo y me detengo. Le quito, no sé cómo, su cuchillo y él toma otro para enfrentarme. Entro inesperadamente al sueño lúcido y hago conciencia de que me encuentro en plena pesadilla. No obstante, como es normal, sin pleno uso de mis facultades mentales. Es por ésta razón que decido, en última instancia, aventarme sobre una pared de maderas viejas para traspasarla y encontrar la salida. La traspaso y de éste modo llego felizmente al mundo de la vigilia.

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En pandillas

Hay dos pandillas y yo pertenezco a una de ellas. Nuestro grupo es perseguido por el otro a punta de balazos. Corremos y nos dispersamos. Este primer escenario es muy parecido a la plancha del zócalo en la Ciudad de México. Es de noche. Más adelante nos vamos reagrupando por partes y convenzo a los demás de regresar bien armados por uno de nuestros compañeros que está en poder de los otros.  Visualizo bien ciertas calles y avenidas semejantes a las de la colonia Roma. Empieza a amanecer. Al llegar a una especie de guarida vamos matando sin piedad a los enemigos y buscamos a nuestro amigo.
Más allá de lo evidente el sueño es particularmente violento en su trasfondo social.

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ELECCIONES PARA CONSEJO ESTUDIANTIL

En una escuela, parecida a mi antigua preparatoria, toda la comunidad estudiantil esperamos los resultados de unas elecciones para representantes del consejo. Habrá, por lo mientras, unos conciertos con varías bandas.
Ya en plena fiesta estoy junto a una parejita, que desconozco (ceb), nos ponemos locos y corremos en masa del frente del escenario hasta la parte más alejada a éste (toda la escuela). Tanta es la exaltación que terminamos todos perdidos y dispersos. Le paso ¿una revista? a una chica. Subimos a un autobús con un primer piso, parecido a los del reino unido, o al turibús de México. Ahí va una chica que termina convirtiéndose en una de mis amigas (ceb), creo que J… El autobús nos da un paseo.
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Se venden pinturas. Veo a A e paso. Desde el autobús vemos a una señora que corre y llora. Ya en suelo firme, en una especie de parque, tres indigentes pelean, unos policías van y los rodean. Ellos avientan un cuchillo y toda la muchedumbre que los observa se protege para que no les corte en su paso y caída, yo entre ellos me hago a un lado, pero sin preocuparme demasiado, ya que sigo la trayectoria de éste y con sólo hacerme a un lado veo que no me pegará. Cabe decir, que la pelea de ellos tiene algo que ver con el llanto de la señora (¿un asalto, una agresión?). Hay muchos reporteros televisando el asunto. Yo pienso que no me gustaría ver morir a alguien en vivo y de manera violenta (en su pelea, los señores se siguen amenazando con cuchillos).
Voy en busca del cuchillo y lo encuentro, señalándolo con una pluma para no tocarlo y dejar mis huellas. Nandos (vecino con Alzheimer, casi indigente también) rueda una matraca…
Balón pintado (?), perros y hueso…
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BULLYING EN FIESTA

Estoy en Texcoco y durante todo el sueño creo estar en la realidad, hasta que despierto.
Hay una fiesta, y en el departamento donde se lleva a cabo (al parecer mío) hay un elevador y subo por él detrás de un ladrón que quiere hacer “trueque” (¿de qué?). Me dispara y esquivo sus tiros hasta que lo derribo. Una araña me salta…
Llegan abusadores a la fiesta y empiezan a molestar a todos. Me les enfrento. Una niñita sale y me acusa, pero está confundida, yo soy el defensor, no el agresor. Sale Judith (mi vecina) a darme consejos (?).

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LA LIGA EXTRAORDINARIA

Formo parte de una banda mixta, en donde todos son muy hábiles en el manejo de armas y artes marciales. Yo comando, pero en realidad soy otra persona (SOMBRA-álter EGO).
Luchamos contra una corporación mundial que controla a las personas. Ellos son los “buenos” y nosotros los “malos”. El primer gran golpe lo dan ellos y nos dispersan. Parece que perdimos pero vamos por la revancha. Mi principal objetivo es matar a su jefe.
Como si tuviéramos un plan preconcebido si ocurría tal golpe en el grupo, sabemos en qué punto reunirnos para reincorporarnos. Es bajo un puente vehicular. Allí nos lleva un taxi (a una parte de nosotros) y nos encontramos con los demás. No todos llegamos y creemos que no todos sobrevivimos o estamos libres. El caso es que desde allí nos vamos a colar a su base de control (una fortaleza inmensa) para exterminarlos. En todo momento somos conscientes que tal empresa es suicida, porque somos muy pocos en comparación de ellos. De por sí entrar ya va a estar muy cañón, y acabar con ellos otro tanto. La dicha fortaleza esta sobre el relieve de una grandes montañas boscosas, pero es al mismo tiempo un  sitio muy urbanizado. En donde estamos es el cruce de grandes puentes vehiculares y por debajo de uno de ellos nos colamos, evitando las alarmas, de las cuales conocemos previamente su ubicación.
Entramos y nos dispersamos, cada quien abarcando un sector. Básicamente lo que hacemos es movernos rápido por las instalaciones, desarmando al enemigo, matándolos a aspadazos. Y dejando inconscientes a los civiles con un toque rápido a la yugular. El desplazamiento tiene que ser a supervelocidad para que no les de tiempo de escapar o activar una alarma que nos delataría. Y también hay que esconder los cuerpos para ocultar las evidencias. Así vamos por diferentes salones, subiendo escaleras y atravesando pasillos. Espada para los malosos y movimiento marcial para los civiles, como he dicho. Estos están en nuestra contra y no saben que intentamos ayudarlos a salir de su alienación. En momentos tenemos que escondernos debajo de una reja o en la sombra. Somos muy sigilosos, como ninjas.
No encontramos al jefe enemigo y tenemos el plan de reintegrarnos en el bosque como guarida. En donde sería muy difícil para ellos luchar contra nosotros. Entre el escondite y el ataque cambio de tamaño en más de una ocasión, haciéndome pequeñito. Pero cada vez que soy como muñeco me recuerdo hacerme grande de nuevo para poder pelear. Hacerse pequeñito sirve para esconderse, pero al momento de pelear estaría invulnerable. Ando también por patios externos, entrando y saliendo de los edificios diferentes de la fortaleza. En éste momento la cosa se vuelve peligrosa, pues hemos sido descubiertos. Observo a una de mis compañeras que ha sido atrapada. Me angustia demasiado el hecho de que será torturada, pero por el momento no puedo rescatarla. Su cara parece algo envejecida, con lo cual me cuestiono cómo es que anda en esos trances tan peligrosos con nosotros. Pero lo adjudico a su experiencia en las artes de la lucha, en donde vale más maña que fuerza. De cualquier forma su rostro me genera angustia, porque sé que sufrirá en manos del enemigo, que es cruel. Y ella es muy expresiva cuando se la están llevando en sus redes. Además, todo el grupo es como si fuera un mismo ser, lo que le pasa a uno nos pasa a todos. Yo como jefe, soy responsable de su vida.
Salgo a otro de los patios, que es ahora un mar, y pienso que lo mejor que le podría pasar es que la mataran, antes que la tortura. En no sé que “vehiculo” me trepo para alejarme y tomar fuerzas, contar las bajas y reagruparme con mis compañeros. La idea del bosque como refugio me obsesiona, pero nunca llego a este.
Me voy sobre el mar pero ya quiero regresar a partirles su mandarina en gajos a esos desgraciados. En la primer lucha fuimos derrotados, en la segunda (que es la historia del sueño) fue empate, pero falta la última incursión, con ellos debilitados. Como quien dice, el que ríe al último ríe mejor…

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PORTAL INTERDIMENSIONAL

Me disparan y escapo arrojándome a un tobogán. Descenso en espiral. Tengo que corregir para imaginar que no me dieron los tiros.
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Voy en transporte público y desciendo, pero ahí no es mi destino, sólo un lugar donde debo tomar un segundo transporte. Observo una escuela en una glorieta. Tiene una forma de roca hueca. Veo que es muy chica para ser escuela y me pregunto si será subterránea. Sigo caminando y a unos metros encuentro la verdadera escuela, redonda, pero igual pequeña. Adentro hay algunos alumnos con instrumentos musicales
En el mismo escenario hay un portal inter dimensional para entrar en él. Un equipo (¿militar?) me prepara. TOMO LA FORMA DE UN SER TRIPARTITA (!), como una estrella de mar gigante de tres extremidades, o como una cosa extraterrestre o indefinible. Y me dispongo a entrar. Recuerdo vagamente que hay que luchar contra algo al interior del portal.

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EMBOSCADA Y COCHINILLAS

Inspeccionamos un árbol, sus raíces gruesas. Lo identifico con el sueño que me contó Pedro por facebooc y creo recordar que de ahí debió tomar el recuerdo para su sueño. Esto es un falso recuerdo.
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En la entrada de un lugar vigilado tenemos que dejar las mochilas para ingresar. Como no está la encargada y tarda, la poli nos lleva a donde podemos dejarlas. Es absurdo, en realidad sólo tendríamos que dejar los bultos y ya.
Al seguirla, mi hermano  se adelanta y yo me enojo mucho. Camino más rápido para demostrarle que puedo ir a su paso e incluso tener iniciativa.
Llegamos a una azotea para dejar las mochilas. Sólo hay que treparse y dejarlas, y en la parte de atrás es más fácil bajar pues no es tan alto. Esta azotea está bajo un árbol y la poli nos indica que siempre que entremos podemos dejarlas ahí sin preguntar.
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Vamos con espadas por un callejón. Cambiamos la ruta hacia otro y nos emboscan unos E… Nos tiran una red desde arriba y yo la corto en pedazos. Sin embargo no soy lo bastante rápido pues veo como a dos de mis compañeros los suben con  la red. Hago retroceder la imagen para que ellos no sean atrapados (Corrección onírica) y los vuelvo más rápidos. Matamos a los E… Estos traen armaduras medievales y cuando alanceo a uno cuestiono la facilidad de atravesarlos con mi espada. Les rebano las cabezas a algunos y a otros sólo los atravieso. Ellos son lentos y no parecen defenderse, incluso recuerdo a uno, viejo.
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En mi cama, estiro la mano izquierda y aplasto sin querer una cochinilla en la pared. Con mucho asco. Me levanto y noto que antes ya había disecado a algunas con una especie de veneno pues eran plaga. Estas forman unas letras, a las cuales nunca les puse atención, más preocupado por la repulsión. Van delineando las dichas letras y en la parte de abajo nuevas cochinillas, que se reprodujeron de las sobrevivientes, siguen ese curso, causándome impresión que, estando vivas, formen también letras, como imitando a sus compañeras muertas. Se mueven no obstante y ya quiero limpiar la pared.

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EL ÚLTIMO SAMURAI

En calles de un poblado fantástico enseño a alguien (invisible, inexistente) como brincar alto y saber caer con espada en mano. Insisto en eso durante todo el sueño: caer de lugares altos, procurar caer siempre de pies y, cuando no es posible, girar sobre la espalda pero ponerse de pie inmediatamente con la espada en guardia, caer y rebanar al enemigo al mismo tiempo, o cuando menos cortarle una mano para que, al incorporate, puedas acabar con él lo antes posible. Esto es gráfico, pues doy la lección y peleo al mismo tiempo con gigantes.
En un enfrentamiento cambio la espada a la mano izquierda, pues pienso que para ser el mejor hay que saber pelear con las dos manos. Mi contrincante, diestro, es torpe contra mi porque esperaba pelear con alguien como él. 
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Me inscribo a un sertamen de espadachines, donde se juega la vida, pues no nos andamos con bobadas. El lugar de inscripción es diferente al del terreno donde serán las peleas, y un señor nos da una visita guiada en una galeria de espadas. Voy revisando con particular interés las espadas y noto que hay en la colección catanas más bonitas que la mía. Invento que el premio al ganador será poder cambiar tu espada por la que te guste más y ya estoy escogiendo, pues sé que ganaré. Una en color azul es mi favorita.
Otra espada es particularmente grande y gruesa, así que me emociona saber que competiré contra ella y será de dificultad vencer a su portador. Me cuesta trabajo imaginarme cómo es que podré parar los golpes de una espada así, siendo que yo no soy tan fuerte y mi espada es muy normal. Lamentablemente el argumento cambia y no alcanzo a resolver esto.
El guía me pide prestada mi espada para observarla, y yo se la presto, pero tomando otra de las que se exhíben pues UN HOMBRE NO PUEDE ANDAR DESARMADO POR LA VIDA, como él comprenderá, pues no tengo tientos en explicarle.
Pasamos a otra galería en donde hay muchas espadas formando un frente. Unos compañeros se hagachan a verlas y de pronto estas se mueven y los rebanan. Descubrimos que alguien provocó el accidente desde afuera y que fue un atentado. Salimos corriendo pero saltaron la barda y se esfumaron. Yo corro y también salto la barda, pero de ellos ni sus luces. No obstante no me detengo pues CUANDO UN HOMBRE LLEGA A UN SITIO NUEVO TIENE QUE INSPECCIONARLO PARA NO SER SORPRENDIDO. Fantaseo que cuando llegué al pueblo revisé sus alrededores y encontré cierta cabaña sospechosa en donde deben esconderse los enemigos. Corro en esa dirección y unos cuantos (dos o tres) me siguen para ver si podemos alcanzarlos.

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ROBÍN HOOD, REGIÓN CUATRO.

Soy un forajido asesino. Estoy en el cerro del Chimalhuachi y tengo un duelo con otro rebelde y nos perseguimos para matarnos con pistolas. Él es rechoncho y está acompañado de otra persona más chiquita, creo que es un niño. Nos volvemos compinches y hacemos destrozos. Tenemos que huir hacía otra parte del cerro. Dejamos a una chica guapa que es también pistolera y parte de la banda, pero sigue formando parte de nuestras filas, como una sucursal. Nos acompaña una pareja con un hijo, otra chica “guapa”, dos chicas “feas” y un grupo de niños. Nunca se dice el nombre de la banda.
Asaltamos y matamos a quien sea. No discriminamos.
Bajamos a un poblado y nos tienden una emboscada. Hay un tiroteo, pero uno de ellos, matón, es la mayor amenaza. Parece que va a acabar con nosotros, nos hiere a mi compinche y a mí en el estomago. En expectativa quedo frente al matón, como en las películas western. Le disparo con mi pistola de la mano derecha y no le hago ni cosquillas. Luego alguien junto a mí parece apoyarme moralmente, aunque debiera estar en mi contra, pues soy el azotador. Como sea me armo de energía y saco rapidísimo la pistola de mi costado izquierdo y con ella mato al rival. El que me apoya es trabajador de un restaurante-fonda. A él no le quito su dinero, en cambio le doy $50 (¡qué marro!).
Heridos no podemos subir por una reja en el escape, lo cual nos llevaría a nuestro escondite. Mi banda me dice que me harán pasar aventándome (se ve una imagen de mí aventado como si fuera de peluche o un títere). Esto no me parece chistoso y me encabrono. Empiezo una pelea y los persigo, variando la emoción de la IRA a la EXALTACIÓN, pues todo se convierte en un juego, “tu las traes”. En ésta etapa me visualizo como Jack Sparrow correteándome con mi bandita.
Un grupo de muchachos nos reta a jugar y no aceptamos. Se burlan e insisten con que quieren estar sentados (¡¡¡¿no querían jugar?!!!). vamos y los matamos para no variar, a chicos y chicas por igual. Es una masacre. Como era el cumpleaños de una de ellas ¡¡¡NOS TOMAMOS FOTOS JUNTO A SU CADÁVER, SIMULANDO FELICIDAD CON ELLA Y LA ESTRECHAMOS ENTRE TODOS!!! El contraste entre nosotros, que payaseamos, y ella sangrante inmóvil, es no tener temor de Dios. O no tener madre.
Tenemos que huir de nuevo. Una de nuestras amigas decide quedarse y la pareja con su hijo también. Soy el único que regresa a despedirse. Llego a una casa y desde los cristales de las ventanas les digo adiós (a la pareja). No puedo entrar porque tienen una visita y yo soy un proscrito. Ellos me aprecian pero la decisión de no irrumpir es mía. Melancolía es decir adiós a través de una ventana y no poder estrechar las manos por vez última…
Por otro lado, a la chica que también se queda, intento matarla para que no nos delate. A diferencia de las otras deserciones (tres en total, más el bebé, que no lo cuento por falta de voluntad) en ella no confío.
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Llego (sólo) a una población más urbana. Hay un local donde se intercambian estampas coleccionables. No entro pero pienso regresar y empezar una colección (obviamente me estoy ablandando, y es un deseo de compartir algo socialmente aceptable).
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El ejercito nos busca…

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ARGONAUTAS

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Como carnitas con un reportero. Su jefe lo llama y lo despide, por un mal trabajo que hizo. Le hacen una llamada o algo así y le da una última oportunidad para salvar el pellejo. Tiene que ir a tomarle fotografías a ¿Leslie Amor? (apunté ese nombre al despertar en mi bitácora de sueños, volví a dormirme y se me ha borrado el casete).
Llegamos junto a una presa, en donde agua encanalada fluye muy rápido. Fantaseo con formar parte de la expedición de los argonautas y retar las aguas del mar furioso. Tomamos un bote y nos deslizamos por el agua a gran velocidad. Llegamos junto a la chica y el reportero le toma fotografías en un sótano. Ella es medio diva.
Por no sé qué razón, una “maldad” (no recuerdo su forma) intenta sabotearlo. Yo, para cuidar su trabajo, me enfrento a él (ellos). Primero es uno y después tres. Yo tengo una espada y fantaseo que invento un inesperado tipo de lucha: simulo que haré un movimiento y ellos se previenen, pero soy tan rápido que lo cambio a último momento volviéndome impredecible y venciéndolos.

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EL ENMASCARADO MISTERIOSO

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En un palacio grande, en una sala vieja de la parte de arriba, hay un grupo de hombres armados. Yo soy un observador invisible. Llega un enmascarado, también armado, y sin ningún temor entra a enfrentarse a todos en la sala (abre una pequeña puerta de madera, viejísima, para entrar). Él es más rápido y ágil: los mata a todos y desaparece velozmente.

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FRANCOTIRADOR (VIAJERO DEL TIEMPO )

Estoy en un pueblo rustico, con un aire muy antiguo y pintoresco, con su placita publica y casas y edificios medievales. En suma, estoy en otro tiempo, pero soy un viajero del tiempo pues creo que llegué ahí con cierto artificio y propósito.
Soy otro hombre, muy distinto al de la realidad, y desconozco mis motivaciones. Porto un rifle.
En la plaza pública cuelga un hombre, y hay soldados o custodios dispersados por el pueblo. Es de tarde. En eso, tomo mi arma y apunto al hombre colgado y le disparo, matándolo (es absurdo, si estaba colgado, ¿no tendría que estar en suplicio o muerto?). A continuación empiezo a dispararles a los oficiales. Ellos tardan en percatarse pues mis disparos son silenciosos y ellos están dispersos. De ese modo continúo buscándolos entre la población del lugar para seguir eliminándolos. Es hasta después de un rato que siembran la alarma y comienzan a buscar al responsable.
Me sorprenden y tengo que huir, pero de vez en cuando volteo y sigo matando a unos cuantos. En parte porque es lo que venía haciendo y en parte para que no puedan alcanzarme. Ellos ahora traen armas también y me disparan, pero sus rifles son muy anticuados en comparación con el que yo porto.
En la persecución huyo hacia una zona herbosa y sigo la escena “desde afuera”, como si todos fueran muy pequeñitos. Mi imaginación, a voluntad, hace que la zona herbosa se convierta en un bosque, pues considero que así será más realista y misterioso el asunto (me doy cuenta de que estoy fantaseando y así lo expreso también al reacomodar a voluntad el refugio abajo descrito).
Bajo por una pendiente a toda velocidad, y temo ser alcanzado pues ellos me persiguen montando a caballo. Así que me detengo por un momento para eliminar a mis perseguidores. Ahora se ha vuelto de noche y eso es algo a mi favor: mi tecnología me permite portar un visor que visualiza al enemigo en la oscuridad y lo vuelve brillante por la temperatura de sus cuerpos: verde fosforescente, como en la película “Depredador”. Ellos, por supuesto, andan a ciegas.
El enemigo se dispersa para peinar la zona y encontrarme, me han perdido, y yo aprovecho para sacarles distancia. Con todo, de vez en cuando todavía me doy el lujo de voltear para dispararles. Aunque apuntarles se vuelve cada vez más complejo.
Llego a un refugio diseñado por mí bajo la tierra, y camuflado con hojas del lugar. Me escondo en él para pasar ahí la noche. Este refugio esta bastante bien acondicionado así que no me preocupo. Además tiene una mirilla para observar muy discretamente lo que ocurre afuera. De aquí en adelante fantaseo constantemente por mejorar las capacidades del refugio y volverlo cada vez más seguro. Estoy en el vientre de la ballena, en su forma benigna.
Transcurre la noche (así lo creo) y decido salir para seguir eliminando al enemigo. Esta muy oscuro y voy con mucha cautela, girando la vista en 365 grados para no ser sorprendido. Los localizo montando guardia y los voy eliminando poco a poco. En eso, un nuevo grupo de guardias me ha descubierto y comienza una nueva persecución, ahora más de cerca y en perjuicio de mi persona.  Siento peligro. El refugio se ha quedado atrás y no puedo llegar a él, además tomo otra dirección con el propósito de no comprometer mi guarida. Llego a una zona poblada y me les he escapado nuevamente. Después regreso al refugio, aseguro mi arma y me cambio de ropa para regresar al pueblo donde empezó todo.
(No recuerdo en qué momento del sueño intento convencerme de que en vez de dispararle al ahorcado le estaba disparando a la soga para liberarlo. Pero esto es solamente una fantasía tardía dentro del sueño, porque yo mismo sé que no fue así)
Cuando voy llegando algunos oficiales, nerviosos, me ven, pero como soy una persona respetada e influyente en el lugar no pueden inspeccionarme. Llego a una casa grande junto al bosque (pero ya parte del pueblo) en donde una chica linda sale a recibirme y un hombre que al parecer es el jefe de los guardias. Ellos están enterados de lo que ha pasado pero no sospechan que yo soy el causante del alboroto. Esta última escena transcurre rodeado de oficiales y yo pienso que en cuanto pueda he de regresar por mi rifle para continuar el exterminio.

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CAMPO DE CONCENTRACIÓN

Varias personas y yo estamos encerrados en un cuarto grande y hay otros cuartos con la misma situación. En la puerta hay un guardián que sólo nos da el paso para salir al baño, pero insistiéndole. Es de noche y nos disponemos a dormir en camas individuales pero muy cerca unas de otras. Armo una estratagema para salir, hablando con el guardián, con la intención de escaparme. Me permite la salida para ir al sanitario pero aprovecho y escapo. Ya afuera estoy en una pendiente de tierra y está oscuro, aunque con algunos claros. A la distancia veo las casuchas en donde permanecen encerrados mis compañeros y de repente tengo una espada en la mano, misma que debí haber robado a alguno de los guardianes.
Regreso y peleo con el guardián (un hombre alto). Aunque la lucha dura un instante, brinco por encima de él (y de la puerta) y lo golpeo fuertemente con mi espada. Así rescato a mis compañeros.
Nos formamos en grupo y, sigilosamente, casi a rastras, vamos recorriendo el lugar para llegar a las otras casuchas. Reparo en la dificultad de ser varios, pues es más fácil que alguno de nosotros haga ruido y nos descubran, así que improviso dos señales con mis dedos índice y cordial, mismas que ellos entienden intuitivamente pues no se los puedo explicar para no hacer ruido. Si volteo y les muestro el índice quiere decir que tienen que ser más sigilosos, si les muestro ambos quiere decir que tenemos que detenernos y esperar. Esto lo hago en varías ocasiones con la intención de ser muy cuidadoso. No temo por mí, pues tengo un arma, pero entiendo que podría comprometer sus vidas, ya que van indefensos.
Llegamos a la siguiente casucha y les digo que esperen. Entro y mato al siguiente guardián (en una pelea frontal y más dinámica que la anterior), y más compañeros se nos unen. Ahora tenemos otras cuantas espadas. Seguimos rodeando y hay un intervalo por el que atravesamos una estancia enorme llena de antigüedades (megalomanía). Después seguimos por la terracería, como veníamos haciendo. Rescatamos a varios más y ya somos un ejercito. Llegamos a lo que parece ser el patio de entrada de ese “campo de concentración”, el cual parece tranquilo. Pero intuyo que si pretendemos salir así sin más seremos emboscados, pues creo que para ese momento ya descubrieron la pretendida fuga.
Planeo que tomemos otro camino por la parte posterior y seguimos rodeando la última casucha (es curioso, pero TODAS las “diferentes casuchas” son, en realidad, la misma). Vamos por un sendero de yerbas.
Llegamos a un barda en donde se ve al fondo la puerta principal del campo. Esta es negra. Y casi arrastrándonos nos dirigimos al patio, en donde parecemos de un tamaño muy pequeño, COMO SI FUÉRAMOS MUÑECOS. Afortunadamente, en proporción, los enemigos también han quedado en tamaño pulgar. Estamos en el patio de la casa, que no parece muy grande, y sin embargo caben en él dos ejércitos. Nosotros pegados a la barda, y protegidos por una curva en el terreno a modo de trinchera. Y ellos bajo un árbol, a cuatro metros aproximadamente y también con una pendiente a modo de trinchera, pero en los tamaños en los que nos encontramos, pareciera que estamos en un gran campo.
Desde éste punto me percato de que sí nos habían emboscado, pero con la táctica que seguimos evitamos el desastre, y en cambio quedamos a unos pasos de la puerta y podríamos salir sin mayor dificultad. Sin embargo, sabemos que faltan por rescatar los prisioneros de la última casucha, pero antes de hacerlo tenemos que luchar los dos bandos. En medio están esperando en su respectiva casucha-celda y nos preparamos para la pelea.

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METRALLETA

Tengo que ir a trabajar y se me está haciendo tarde, un amigo (figura borrosa) me apresura pero estoy sin ánimos. Pienso que soy una persona puntual y que tal vez llegue tarde ahora. Me calzo con unas botas que me regaló un maestro amigo (Luc Flores), esto no sólo en el sueño, sino que en la vida “real” él me dio esas botas. Y me visto con un traje y corbata como era la costumbre en el trabajo abajo citado. Todo esto ocurre en mi cuarto.
Llego a la cita de trabajo y me formo con mis demás compañeros (hombres y mujeres), esto viene como un recuerdo de mi trabajo en OCESA, en donde acudíamos según las citas para cubrir eventos. Aquí en el sueño se trata de una situación similar, aunque fabulosa. Se supone que vamos a ir a cubrir un partido de foot ball y estamos formados para recibir instrucciones. La escena es en una calle próxima a mi casa y a diferencia de la primer etapa del sueño ahora reconozco entre los compañeros de trabajo a un amigo de la secundaria, que intenta animarme aunque de manera lejana, pues me siento íntimamente desconectado de él, de su humildad y la manera en la que ha afrontado la vida de manera sencilla y sin grandes pretensiones, y, sin embargo, ha sido feliz… No obstante, su presencia me anima un poco.
Ocurre que todos empiezan a moverse para dirigirse al punto donde va a ser el evento. Mi amigo y yo subimos a un camión para que nos lleve. Le hacemos la parada y le pagamos incluso al subir, pero en el momento en que nos disponemos a viajar, una camioneta cierra el paso y le impide seguir a nuestro camión. Al parecer la camioneta es de la policía y ha cerrado el paso por seguridad. El chófer nos devuelve el pasaje y tenemos que bajar y buscar otra forma de llegar al lugar. Finalmente abordamos un taxi y nos lleva, con algunas dificultades en el camino, como tener que dar vueltas y vueltas por calles cerradas.
Llegamos y el evento ya no es un partido de foot ball, se trata de un desfile de carnaval y todo el grupo de trabajadores ahora somos del sexo masculino. Se nos asignan armas a todos nosotros y ocurre que en mi desanimo a mi me dan el arma más grande de todas, como en una especie de reconocimiento. Esta no es sólo más grande sino más espectacular, incluso rebasa mi tamaño. Las de los otros son simples rifles o pistolas y ya no estamos vestidos de traje.
Empieza el desfile y estamos atentos. De pronto, de unos cables de luz empiezan a caer piedras sobre la gente y aplastan a algunos. Mis compañeros empiezan a dispararles a esas piedras y yo no reacciono rápido. Los sigo y también disparo al objetivo y entre todos acabamos con esa amenaza. Estoy nervioso y no entiendo el poder que se me ha dado. Es curioso también que no reparemos mucho en los aplastados, pues el desfile continua sin más.
Posteriormente una nueva amenaza llega de una pared en la parte posterior de donde está la muchedumbre. Una especie de francotiradores invisibles u ocultos detrás de la parte de arriba de esa pared. Todos (mis compañeros) empiezan a disparar pero sin conseguir nada, y nuevamente soy el último en responder. Tomo mi supermetralleta y disparo a esa parte del muro y lo que pensaba que saldría de mi arma como especie de rayos en realidad es una ráfaga de balas, como en una metralleta. Sin embargo estas balas derriban el muro (en la parte de arriba solamente) y con ello lo que se escondía detrás. En ese momento empiezo a entender el poder que tengo y ocurre que del cielo y muy a lo lejos se viene acercando un helicóptero negro, igual de parte de los “terroristas”. Mis compañeros esta vez no pueden hacer absolutamente nada y todo depende de mí. Yo así lo entiendo y apunto en dirección del enemigo. Tengo algunas dudas pues pienso que nunca he tenido una gran vista y que tampoco soy un francotirador, ademas de que entiendo que en realidad es la primera vez que estoy usando un arma como esa, aunque todos piensen lo contrario. Apunto bien (el arma incluye un visor de acercamiento) y disparo. Y resulta que derribo el objetivo, provocando el jubilo en general, tanto de mis compañeros, como de mis supervisores, como de toda la gente del evento. Siento una buena confianza en mi y empiezo a creer que era bueno que yo fuera el portador de esa arma, misma que inspecciono más detalladamente , identificandome con ella. Tiene cuatro gatillos, dos en forma de palanca y dos como gatillos normales (los de palanca me recuerdan mucho a las de las guitarras en el rock band). Se activa con las dos manos por necesidad, dos con la mano izquierda y dos con la derecha, lo cual pareciera complicado pero para mi no lo es tanto. También observo que tiene un aditamento para fijarse en tierra y funcionar como arma de un francotirador, en combinación con la mirilla que ya había utilizado. En ese momento hago conciencia de que esa arma no se me entregó porque fuera el mejor en los entrenamientos (¿cuáles entrenamientos?), sino porque era una forma de confiar en mi persona. Es decir que me la daban porque estaban acreditando que era digno de confianza. Recuerdo por eso que otro compañero en las pruebas había empatado conmigo en el uso del arma, y sin embargo habían decidido darmela a mí, pensando en que era buen tipo. Esto no indicaba para nada que el otro fuera mala persona, ni de que me envidiara, por supuesto.
En la parte última del sueño todos han reconocido mi participación como el héroe del día, y sin embargo, es el sueño mismo el encargado de impedir que mi ego se eleve demasiado. El desfile continúa sin problemas y concluye. Nos empezamos a dispersar y me doy cuenta de que lo que todos habían reconocido en su momento se difumina como si fuera parte de todos los días, y muy normal y había que seguir con lo que viene, ya todos lo tomaron en cuenta pero eso no es nada y hay que seguir con la vida de todos los días, sin “héroes”. Me acerco a una muchacha vestida de charra (del carnaval, pues participó en el desfile) y me dice que ya todo acabo, que el mejor camino para salir de ahí es tomar una dirección que me señala, por donde van y vienen todos, ya olvidados de la fiesta del carnaval pero en ese reposo de cuando algo catártico acaba de ocurrir. Es una calle común y corriente y yo soy uno más.

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