LA GUARDADORA DE GANSOS


Psicoanálisis de Bruno Bettelheim

Ver * en el DICCIONARIO DE ARQUETIPOS


EL COMPLEJO EDÍPICO Y EL NIÑO COMO USURPADOR DEL PADRE O LA MADRE.

«Érase una vez una reina viuda que tenía una hija muy bella… Cuando llegó la fecha de la boda y la muchacha tuvo que partir hacia el país de su prometido»
La madre* le regaló gran cantidad de joyas y tesoros. Salió en compañía de una doncella*, montando sendos caballos. El de la princesa se llamaba Falada y sa­bía hablar.
«Cuando llegó la hora de partir, la reina se dirigió a un rincón apartado de palacio y se hizo un corte en un dedo. Salieron unas gotas de san­gre y recogió tres en un pañuelo. Al dárselo a su hija le dijo: “Guárdalo bien, hija mía, esto te ayudará a salir victoriosa de todos los apuros”.»
(las tres gotas de sangre son un símbolo del logro de la madurez sexual. Logro que, empero, sólo se resolverá al final de la historia, como se verá)
Después de varias horas de camino, la princesa tenía sed y le dijo a su criada que le cogiera agua de un arroyo en su copa de oro. Pero ésta se negó, diciéndole que bajara ella misma a beber porque ya no era su criada. Más tarde ocurrió el mismo incidente y cuando la princesa se inclinó para beber perdió el pañuelo que su madre le había entregado; a partir de aquel momento se convirtió en una criatura indefensa. La doncella se aprovechó de la situación y obligó a la princesa a cambiar los vestidos y los caballos, haciéndo­le jurar que no hablaría de este cambio con nadie de la corte. A la llega­da, el príncipe tomó a la criada por su prometida. Al preguntarle quién era su acompañante, pidió que le dieran algún trabajo, con lo que la princesa pasó a ayudar a un muchacho que cuidaba gansos. Poco después, la falsa novia le pidió a su prometido el favor de cortar la cabeza de Falada, porque temía que éste hablara y contara su secreto. Una vez cumplido este deseo, la princesa rogó que colgaran la cabeza del animal* en un árbol* del camino para verlo cada día al pasar. Cada mañana cuando la princesa y el muchacho pasaban por allí para ir a cuidar de los gansos, la cabeza del caballo les saludaba tristemente:
«Si tu madre supiera lo sucedido,
se le partiría el corazón.»
(hablar con los animales es una de las tres cualidades del ser en el paraíso*, junto a la espontaneidad y la anulación del tiempo)

Por Arthur Rackham

Una vez en el campo, la princesa se soltó la cabellera. Como era igual que el oro puro, el muchacho tuvo la tentación de cogerlo, lo que la princesa evitó llamando a una ráfaga de viento que se llevó el sombrero del chico y éste tuvo que salir corriendo tras él. Lo mismo sucedió un día tras otro, hasta que el mu­chacho, harto de todo esto, se fue a quejar al rey. Al día siguiente, éste se ocul­tó detrás del árbol y lo observó todo. Por la noche, cuando la guardadora de gansos volvió a palacio, el rey le preguntó qué significaba todo aquel misterio, a lo que ella respondió que había prometido no contar sus penas a ningún ser humano. Tras mucho insistir, consintió en contárselo a una chimenea (animismo*: los objetos cobran vida). El rey se escondió al otro lado y así pudo oír las palabras de la verdadera princesa.
Al descubrir la verdad, se le entregaron las vestiduras reales y se invitó a todo el mundo a una fiesta espléndida, en la que la verdadera novia se sentó a un lado del príncipe y la impostora al otro. Al final de la comida, el rey le preguntó a la falsa princesa qué castigo daría a una sirvienta infiel y embustera. La criada, sin sospechar que se refería a ella, contestó:
«”Yo haría que la desnudaran, la metieran en una cuba llena de clavos y que dos caballos la arrastrasen por las calles hasta morir”. “Eso es, pues, lo que voy a hacer contigo”, respondió el rey. Y tras cumplirse esta sentencia, el príncipe se casó con su verdadera prometida y vivieron muchos años felices».
La razón por la que esta historia y su tema principal se encuentran en todas las culturas es su significado EDÍPICO. Aunque el personaje principal suele ser femenino, también podemos encontrar alguna versión en que el protagonista es del sexo masculino.
“La guardadora de gansos” simboliza dos facetas opuestas del desarrollo edípico. En un primer nivel, el niño* cree que el padre* del mismo sexo es un impostor que ocupa equivocadamente su lugar en los sentimientos del progeni­tor del sexo opuesto, el cual preferiría tenerle a él como cónyuge. El pequeño sospecha que el padre del mismo sexo, gracias a su astucia (ya estaba allí antes de la llegada del niño), le ha engañado en cuanto a sus derechos y tiene la espe­ranza de que, mediante la intervención de un ser superior, las cosas se arregla­rán y él llegará a ser el cónyuge del progenitor del sexo opuesto.
Este cuento constituye también una guía para que el niño supere el primer estadio edípico y pase al siguiente, en el que sus deseos se ven sustituidos por una visión más adecuada de su situación real durante la fase edípica. Al ir aumentando su madurez y capacidad de comprensión, el niño comienza a en­tender que la idea de que el padre del mismo sexo le haya arrebatado su lugar no concuerda con la realidad. Se da cuenta de que es él el que desea ser el usurpa­dor, es él el que quiere ocupar el lugar del progenitor. «La guardadora de gansos» advierte de que es mejor abandonar estas ideas porque quien consiga, durante un tiempo, usurpar el lugar del verdadero cónyuge recibirá un terrible castigo. La historia demuestra que lo mejor es aceptar el papel que el niño desempeña antes que intentar usurpar el del progenitor por mucho que se desee hacerlo.
“La guardadora de gansos” lleva implícita asimismo la moraleja de que el progenitor, incluso tratándose de un ser tan poderoso como una reina, no pue­de hacer nada para asegurar el desarrollo del niño hacia la madurez. Para con­vertirse en Sí mismo*, la criatura debe enfrentarse, por sí solo, a duras pruebas; no puede depender del padre para que éste acuda a salvarlo de las consecuen­cias de su propia debilidad. Puesto que ni los tesoros ni las joyas que la madre entrega a la princesa le sirven de mucho, esto nos puede hacer pensar que lo que los padres dan a sus hijos en términos de bienes materiales no constituye ayuda alguna si ellos no saben usarlo correctamente. Como último regalo, y más importante, la reina le entrega a su hija el pañuelo con las tres gotas de su propia sangre (amuleto*). No obstante, la princesa lo pierde también, a causa de su ne­gligencia.
Al partir la princesa para casarse, es decir, para dejar de ser doncella* y convertirse en mujer y esposa, al dar su madre más importancia al regalo del pañuelo con la sangre que al del caballo que habla, no parece descabellado imaginar que estas gotas de sangre esparcidas sobre un pedazo de tela blanca simbolicen la madurez sexual, un vínculo especial forjado por una madre que prepara a su hija para la actividad sexual.
Así pues, el hecho de que la princesa pierda la prenda mágica, la cual, de haberla conservado, la hubiera protegido del impostor, nos hace pensar que, en el fondo, no estaba preparada para convertirse en una mujer. Podríamos ima­ginar que esta pérdida negligente es un lapsus* «freudiano» en el sentido de que evita lo que no desea: la pérdida inminente de la virginidad. Como guardadora de gansos, su papel pasa a ser el de una joven doncella, cuya falta de madurez se acentúa por el hecho de tener que ayudar a un niño a cuidar de los gansos. Sin embargo, la historia demuestra que el permanecer en un estadio de inma­durez cuando ha llegado el momento de superarlo puede ser origen de una tra­gedia para uno mismo y para los que están cerca, como ocurre con el fiel caba­llo Falada.
Las palabras que Falada pronuncia tres veces —como respuesta al lamento de la princesa cuando pasa junto al caballo: «Oh, Falada, tú que aquí cuel­gas»— no son tanto un lamento por el destino de la muchacha como la expre­sión de la pena que sentiría su madre. Lo que implican estas palabras es que, no sólo por ella misma, sino también por su madre, la princesa tiene que dejar de aceptar pasivamente todo lo que le sucede. También es una acusación velada de que si la princesa no hubiese actuado tan irreflexivamente al dejar caer el pañuelo y al permitir que su criada la dominara, Falada no hubiera muerto: Todo lo malo que está ocurriendo es culpa de la princesa porque no consigue afirmar su propia personalidad. Ni siquiera el caballo que habla puede ayudarla a salir de su difícil situación.
La historia pone un énfasis especial en las dificultades con que uno se encuentra durante su viaje* por la vida: logro de la madurez sexual, conquista de la independencia y de la autorrealización. Tienen que superarse los peligros, resistirse las pruebas y tomarse decisiones; pero el cuento nos muestra que, si uno permanece fiel a Sí mismo* y a sus propios valores, por muy desesperada que parezca una situación, siempre habrá un desenlace feliz. Y, por supuesto, en cuanto a la solución de los conflictos edípicos, la historia acentúa el hecho de que usurpar el lugar de otra persona*, por el simple deseo de hacerlo, lleva a la destrucción del usurpador. La única manera de conseguir la propia autonomía es a través de las propias acciones.
El niño experimenta el éxito final como algo carente de sentido si sus angustias* inconscientes no se resuelven al mismo tiempo. En el cuento de hadas, se simboliza este hecho mediante la destrucción del personaje malvado. Si fal­tara esto, el final del héroe que recupera el lugar que le corresponde no sería completo, puesto que, si el mal continuara existiendo, habría una amenaza cons­tante, y el desenlace no sería todo lo feliz que se esperaba. Es importante señalar, en este caso, que es el propio impostor el que pronuncia su sentencia. Al igual que tomó la decisión de ocupar el lugar de la princesa, la criada escoge también la manera en que será destruida; ambos hechos son consecuencia de su perversidad, que le hace inventar un castigo enormemente cruel, el cual no le viene infligido, pues, desde el exterior. El mensaje que se nos transmite es que las malas intenciones conducen a la perdición de la persona malvada que las tiene. Al escoger dos caballos blancos, la impostora muestra su culpabilidad inconsciente por haber hecho matar a Falada. Al ser el caballo en el que una novia acudía a su boda, se puede suponer que era blanco, color que representa la pureza, por lo que parece adecuado que sean dos caballos blancos los que destrocen a la usurpadora.
A un nivel superficial, podría parecer que la guardadora de gansos no hace nada para cambiar su destino y que sus problemas sólo se solucionan gracias a la intervención de fuerzas benévolas o de la casualidad que da lugar a que el rey descubra su secreto. No obstante, lo que el adulto puede ver como algo insignificante, el niño* lo percibe, en cambio, como un logro considerable, pues­to que él tampoco puede hacer mucho para modificar su destino, en un mo­mento dado. El cuento de hadas sugiere que no son las grandes hazañas lo que cuenta, sino que debe producirse un desarrollo interno para que el héroe con­quiste la verdadera autonomía. La independencia y la superación de la infancia exigen un desarrollo de la personalidad, no un progreso en una tarea determi­nada o una lucha constante con las dificultades externas.
La historia saca también a colación los peligros que acarrea una dependencia in­fantil prolongada en exceso. La heroína, en un primer momento, transfiere su dependencia de la madre* a la criada. De la misma manera que un niño no quiere abandonar su dependencia, la guardadora de gansos fracasa también al adaptarse a los cambios de situación: la historia nos dice que es este, precisamente, el fallo de su comportamiento. El aferrarse a la dependencia no la ayudará a conquistar una cualidad humana superior. Si se lanza al mundo —cosa que simboliza el hecho de que la princesa abandone su hogar para dirigirse a un reino lejano— debe llegar a ser independiente. Esta es la lección que la princesa aprende mien­tras cuida gansos.
El muchacho que la ayuda en su cuidado de los gansos trata de dominarla, como hizo la criada en el viaje a su nuevo hogar. Motivado únicamente por sus deseos, no toma en cuenta la autonomía de la princesa. Durante el camino que la alejaba de su casa, ella permitió que la doncella* la obligara a coger su propia copa de oro. Más tarde cuando la princesa está sentada en el prado pei­nando su cabellera, el muchacho pretende coger un mechón de su pelo, apoderarse, por así decirlo, de una parte de su cuerpo. Pero esta vez no lo permite; ahora sabe cómo defenderse de él. Antes tenía demasiado miedo de la cólera de la criada como para enfrentarse a ella, pero ahora sabe que no debe consentir que el mu­chacho la domine por no ceder ante sus deseos. El énfasis que pone la historia en que la copa y el pelo de la muchacha eran de oro llama la atención del oyen­te en cuanto a la importancia de las reacciones diferentes que ella experimenta frente a situaciones similares.
El punto culminante de la vida de la heroína es la afirmación que hace de Sí misma* al sentirse me­nospreciada por el chico. La princesa, que no se había atrevido a enfrentarse a la criada cuando se negó a obedecerla, ha aprendido lo que requiere el logro de la autonomía. Esto se confirma además por el hecho de no romper la pro­mesa que su doncella le había hecho formular subrepticiamente. Se da cuenta de que no debería haberla pronunciado, pero, una vez lo ha hecho, debe cum­plirla. No obstante, esto no evita el hecho de que confíe su secreto a un objeto, de la misma manera que un niño se siente liberado cuando expresa sus viven­cias ante algún juguete (animismo*). Pero lo esencial es que, mediante la afirmación de su dignidad y de la inviolabilidad de su cuerpo —negativa de la muchacha ante el deseo del chico— se llega a un final feliz. El personaje malvado sólo puede pensar en intentar ser —o parecer— alguien que, en realidad, es otra persona*. La guardadora de gansos aprendió que es mucho más difícil ser uno mismo, pero sólo así conse­guirá la plena autonomía y cambiará su destino.

.

CAPERUCITA ROJA 

.

HANSEL Y GRETEL

.

JACK Y LAS HABICHUELAS MÁGICAS

.

DICCIONARIO DE ARQUETIPOS

  1. Dejar un comentario

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.